Tras asumir la Presidencia de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira –en su primer discurso–, afirmó que su gobierno pondrá fin al “Estado tranca”, caracterizado por una absurda burocracia, donde irradia la corrupción, coarta la gestión pública, afecta la educación, la salud, la inversión, entre otros. No obstante, los males señalados por Paz Pereira no son propios de la presente crisis, sino todo lo contrario, la deficiencia administrativa tiene una larga historia con distintos matices y contextos que vienen desde la época colonial, la república hasta el actual Estado Plurinacional.
Por otro lado, la expresión “Estado tranca” no es un término acuñado originalmente por Rodrigo Paz al momento de asumir la presidencia. Al rastrear las visiones críticas a la burocracia boliviana, se puede advertir que, en la década del setenta del siglo pasado, el prolífico escritor Mariano Baptista Gumucio publicó el texto El país tranca. La burocratización de Bolivia (La Paz: Editorial Los Amigos del Libro, 1976), la cual consideró como una “nueva enfermedad” enraizada dentro del Estado boliviano. Para sustentar su tesis, Baptista recogió distintos puntos de vista, entre las cuales se encuentran: Thierry Saignes, Héctor Ormachea Peñaranda, Walter Montenegro, Samuel Mendoza, Augusto Céspedes, Alfonso Prudencio Claure, cartas y editoriales de periódicos.
Por otra parte, el sugestivo título El país tranca fue ligeramente matizado de la nota intitulada “País de tranca” escrita por el periodista y diplomático Walter Montenegro (1912-1991), publicada en el matutino “El Diario” el 11 de enero de 1973. En dicho artículo, Montenegro refiere que debido a viajes de fin año, los conductores tienen que pasar por dos, tres o más veces por “trancas” establecidas en las carreteras. “Como mucho de lo que ocurre en Bolivia –escribe Montenegro–, seguramente nadie podrá explicar cómo surgió el famoso invento de la tranca caminera”, que conlleva a insustanciales filas, cobros injustificados de “peaje” en cada tranca, donde el funcionario es “grosero y abusivo, convencido de que lo han puesto ahí para hostilizar al público en vez de servirlo”.
La nota de Montenegro –tras un ejemplo cotidiano–, refleja una mirada crítica al andamiaje de la burocracia estatal, por eso concluye que Bolivia es “un país en el que nada está concebido para facilitar las cosas y hacerlas más eficientes y agradables”, sino precisamente tiende a incomodar, dificultar, retardar y generar antipatía al andamiaje del Estado. Por ende, “tenemos metida la tranca en el cerebro y en el alma (…). En gran medida Bolivia es un país trancado por trancas de su propia y exclusiva invención”, enfatiza Walter Montenegro.
En otro pasaje del texto, se encuentra un dramático relato de un excombatiente del conflicto bélico con el Paraguay. El caso se hizo público cuando la carta fue divulgada en el matutino “El Diario” el 11 de julio de 1976. La epístola firmada por el señor Juan Fernández Valdez es una denuncia a los incidentes burocráticos que tuvo que sobrellevar: “Soy un soldado o mejor dicho un exsoldado del Chaco, no un benemérito porque hasta la fecha que salga la Resolución Ministerial declarándome como tal, tendré que esperar unos diez años más”. Según indica la epístola, el trámite en su primera fase debía pasar por el Ministerio de Defensa, la cual tarda unos cinco a diez años para que salga la libreta de desmovilización y esta sea refrendada para ser declarado Benemérito de la guerra del Chaco.
Una vez obtenida la Resolución Ministerial, tocaba llevar dicha documentación a la Federación Nacional de Excombatientes de la Guerra del Chaco, “donde los empleados son camaradas nuestros –dice Juan Fernández–, pero estos señores se han olvidado de sus compañeros y son nuestros verdugos”. Al momento de presentar el expediente, la actitud de estos funcionarios refleja una “cara de pocos amigos y que nos miran como a los que van a mendigar sus favores como a una cosa propia de ellos. Y nos dice: deje ese expediente, hay que pagar tanto y puede usted volver a saber si será despachado o no, porque hay expedientes que están cuatro años y más esperando la firma de uno de esos señores (…)”. Al final de la misiva, el excombatiente se lamenta por las interminables andanzas a través de distintas oficinas: “tanto sufrimiento, tanto perjuicio, tanto gasto ¿para qué? Para que el señor encargado estampe su respetable firma en el documento que declaré Benemérito de la Patria y reciba una miserable pensión”. El particular caso del excombatiente Juan Fernández es llamativo, ya que la Guerra del Chaco finalizó el año 1935, y hasta la fecha que hizo pública su queja pasaron 41 años realizando diligencias en oficinas estatales. Probablemente, este hecho no fue un caso aislado, debería realizarse un estudio sobre la cantidad de excombatientes que pasaron por la misma situación.
El factor negativo de “El país tranca” o “Estado tranca” no se resuelve con discursos bienintencionados en actos públicos. El problema es más complejo, ya que la burocracia boliviana tiene una tradición negativa: “ineficiente”, “engreída” y “abusiva”. Por eso –dice Baptista– cuando los ciudadanos deben realizar cualquier trámite “empieza a recorrer mentalmente el catálogo de sus amigos y compadres, para saber quién conoce a fulano y zutano. El tramitante sin padrinos es hombre en el agua (…) y sabe que a cualquier oficina que acuda, cuenta con el no por delante”. Además, los entretelones para la realización de cualquier trámite, es vox populi el término “vuélvase mañana”, que es un mensaje subliminal que sirve al “tranquismo” para decir que su caso no fue atendido en los plazos oportunos, sea esta por olvido, dejadez o la actual excusa llamada “carga laboral”. Y para que el funcionario público agilice su trabajo, el ciudadano incurre en dar recompensas monetarias, dadivas y regalos. Este acto de corrupción llegó al grado de normalizarse de manera negativa, pasando por alto cuestiones éticas y jurídicas (Responsabilidad por la función pública), haciendo cada vez más enmarañado la solución a esta adversidad contemporánea.
El esclarecedor libro El país tranca nos muestra que la deficiencia de la burocracia estatal fue uno de los temas de bastante preocupación de parte de intelectualidad en décadas pasadas. Sin embargo, pese a tratarse de algo recurrente no tenemos estudios actuales sobre casos particulares o globales que expongan debilidades, continuidades y avances al problema del “tranquismo” en la administración pública. En consecuencia, la escasa bibliografía que disponemos sobre el tema nos remite obligatoriamente a la compilación realizada por Mariano Baptista Gumucio, donde nos recuerda que este problema no atañe exclusivamente a la segunda década del siglo XXI, sino, es un problema generacional donde los involucrados y la sociedad en su conjunto necesitan tomar conciencia crítica para detectar y combatir este problema vigente.