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El periodismo del like

Sabado, 24 de enero de 2026 a las 04:00

El periodismo tiene los grandes retos de ser fuerte, creíble, ético, cercano a la gente y que cuente sus logros y que denuncie al poder. Eso se va haciendo cuesta arriba porque tiene al frente a un ejército de influencers, tiktokeros y personas que han abierto sus programas noticiosos, gracias al enorme poder que han alcanzado las redes sociales, las plataformas digitales y su uso que están haciendo de ellas, porque generan ganancias económicas mientras más seguidores, más comentarios, más likes alcance una entrevista, una nota, un video, un meme; es satisfactorio por doble partida para el administrador o creador digital.

Así que estamos envueltos en la vorágine del periodismo del like, que en Bolivia es casi nuevo, pero que en las grandes capitales del mundo la batalla es atroz, violenta, sin escrúpulos entre los que hacen periodismo responsable versus los que usan el periodismo como estrategias de farándula, fiestas, campañas electorales, bailes exóticos, desafíos virales, historias espectaculares poco creíbles y tantas otras miserias y grandezas de la humanidad.

Cada “me gusta” en el muro personal o de un programa es una caricia y un orgullo. Porque sienten que lo están viendo, atentos al desarrollo de las entrevistas o de alguna transmisión en vivo. Poco les importa si los comentarios son negativos, lo que interesa son las diferentes reacciones que permiten las redes al que aprieta el dedo.

Gracias al internet y las redes sociales, nuestros hábitos, preferencias, opiniones, emociones se han vuelto medibles. Cada uno se desplaza con un celular en el bolsillo, del cual está atento si le van llegando mensajes o conocer cuál es la noticia o el escándalo del momento.

En el municipio de Santa Cruz de la Sierra hay quince candidaturas en carrera, un menú variado, proceso que en el periodismo del like ha tomado cuerpo, gracias a ciertos personajes de la sociedad que ahora son candidatos y se han convertido en estrellas de los programas de Tv, de las redes sociales, que vienen compitiendo por quién extrae la declaración más fuerte, más escandalosa, más fuera de sí, para luego repetirla mil veces y que se comente sobre ello.

Uno de esos personajes es la candidata a concejal, Mayte Flores, hoy convertida en estrella mediática, a la que invitan cada día a diferentes programas y es obvio que ella aprovechará la oportunidad para ser entrevistada y seguir su carrera hacia un curul. Es obvio que si Mayte dice algo espectacular en ese programa obtendrá miles de likes, miles de seguidores, cientos de comentarios a favor y en contra, pero estará presente y ha logrado instalar en el colectivo común la historia de una mujer que se enfrenta a sus propios demonios y a los que la critican.

En Santa Cruz, usted, amable lector, tiene más de cien ofertas variadas en su menú informativo desde que amanece hasta que anochece; pero sospeche de la mayoría de ellas, porque su razón de ser no es hacer un buen periodismo, con entrevistas plurales, reportajes veraces, noticias reales; sino hacer espectáculo barato, convertirse en un ring para que se peleen fulano vs sutano, un circo donde la burla es el plato fuerte; las conspiraciones del imperio, del comunismo, de las galaxias, que funcionan muy bien en las redes sociales porque provocan emociones fuertes, controversias, indignación, ira. La falta de respeto hacia el público es su ingrediente estrella, porque se trata de hacer negocios gracias a contratos publicitarios a costa de rifar la ética y la credibilidad.

La información falsa es más compartida ya que generalmente es más original que la verdad, porque la mentira recorre en segundos como un flash, mientras la verdad va a paso de tortuga.

Frente a ese paquete de programas que van tras los like y las ganancias, mi amable lector tiene un conjunto de medios de prensa y plataformas digitales periodísticas que cada día se esfuerzan por construir una ruta del periodismo, de la democracia, de los derechos humanos, pilares fundamentales para todo Estado, mucho más el rol del periodismo se torna vital en este proceso de transición del gobierno de Paz, el cual está siendo muy difícil, por varias razones, siendo una de ellas esos espacios políticos que se disfrazan de periodísticos para estar en permanente sedición, conspiración, de desestabilización de la democracia. Eran los guerreros digitales azules, los cuales no están borrados del mapa digital, sino que siguen al acecho y funcionando desde el espacio infinito que el internet nos permite.

El maestro colombiano Javier Darío Restrepo, cuando vino a Santa Cruz, nos dijo: “Los medios que sobreviven son aquellos que la sociedad considera que son suyos. El poder es de la gente. Hay un mandato radical para el periodista, y es poner distancia”. Distancia frente al poder, a la manipulación, a las mentiras, al sensacionalismo, al like de las redes sociales.

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