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Del paciente al ‘cliente’: el vacío ético en el pensum médico

Jueves, 26 de febrero de 2026 a las 04:00

Sabemos que lo moral, lo ético, la humanización de las personas, son conceptos para algunos superados y para otros lamentablemente ignorados.

En el lugar que de manera más cruda podemos evidenciar la deshumanización de lo que se espera y, por el contrario, se agudiza con mayor fuerza y se visualiza es en el pensum de cualquier facultad de medicina de cualquier universidad pública o privada.

No se encuentra ninguna mención y, mucho menos, alguna materia que enseñe cuál debe ser la relación de un médico con su paciente. Es en la facultad de medicina donde esto debe enseñarse, y la ausencia total de este tipo de enseñanza se evidencia después cuando ese estudiante se gradúa y empieza a tener relación con sus pacientes, aunque para este recién graduado, le han enseñado que son sus clientes.

Ese médico podrá haber sido excelente en sus trabajos de investigación en su época universitaria, pero nunca, lamentablemente no es posible eludir el uso de este adverbio, estuvo en su pensum y menos en la mentalidad de sus profesores, haberle enseñado la relación personal del médico con su paciente.

Lo que menos les enseñan son cuestiones de tacto, sensibilidad, capacidad perceptiva y buen gusto a la hora de tratar con el que sufre. Cada día se muestran nuevos descubrimientos científicos y técnicos, pero no existe algo positivo en las relaciones humanas interpersonales.

Las facultades de medicina amplían sus clases, reduciendo al mínimo el contacto profesor-alumno, sustituido por la televisión en circuito cerrado, o por los medios tecnológicos actuales, con los cuales se llega a mayor número de estudiantes, pero de una forma despersonalizada.

Lo que menos hay son relaciones interpersonales entre estudiantes y profesores, en consecuencia, cuando sale profesional, ese estudiante esta acostumbrado a tener relaciones con sus pacientes, pero de manera despersonalizada.

Los médicos tienen a disposición una serie de equipos y profesionales de ayuda como los técnicos en radiología, escáner, resonancia magnética y otros equipos, y estos técnicos no les importa el paciente; el sistema los obliga a actuar como operadores de máquinas, para ellos las personas son simplemente objetos a quienes hacerles los estudios y para los médicos esos pacientes se reducen a imágenes e informes. Los médicos no saben (creo que ni les importa) qué siente en su espíritu el paciente, cómo es su relación familiar que sí va a influir en su mejora o no. Es una relación fríamente profesional, porque así lo han formado en la facultad de medicina, y después pueden llegar y muchos lo hacen, a ser brillantes en su profesión médica, pero sin ningún tipo de sentimiento personal con sus pacientes y si tienen algún nexo de amistad a conocimiento con un familiar del paciente, a lo más que llegan es a un frio informe técnico.

Y para ponerle la cereza a la torta, ahora en algunas clínicas se ha establecido la productividad del médico: miden de acuerdo a la cantidad de pacientes que atienda.

Podrán criticar esta opinión, en sentido de que ahora ya no estamos en el pasado, donde incluso había médicos de cabecera, y la vorágine del mundo actual, no permite esa reminiscencia. Se olvidan que lo último que debe perder un médico, por su vocación de servir a mejorar y curar, no es el cliente, es el paciente, al que se debe por la esperanza que para aquel es saber que lo están atendiendo, cuidando, pero, en la realidad no es así, no existe (salvando excepcionales situaciones) la preocupación de la persona que es médico por su paciente.

(*) El autor es abogado

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