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Inteligencia artificial, recursos y poder marcarán el 2026

Miércoles, 31 de diciembre de 2025 a las 04:00

En 2026, el mundo seguirá su acelerado reordenamiento económico, tecnológico y geopolítico, con más incertidumbre y complejidad.  Tras las experiencias de Gaza y Ucrania, la emergencia de los nacionalismos radicales y el fracaso del multilateralismo, los conflictos armados vuelven a ser una variable real. Estados Unidos, China, Rusia, Alemania, Francia e India han aumentado en casi 10% su gasto militar y aparecen polvorines en Medio Oriente y el Caribe que podrían estallar en cualquier momento.


EEUU parece haber ganado la batalla económica de 2025, y el experimento BRICS se ha debilitado. La guerra de los aranceles impuesta por Trump y su estilo particular, que combina diplomacia, pragmatismo y audacia, han vuelto a posicionar el liderazgo norteamericano en el mundo. Sin embargo, la ventaja tecnológica, la expansión comercial y los intereses geopolíticos de la China de Xi Jinping están lejos de haber disminuido. Todo parece indicar que la guerra económica entre estos dos gigantes va a continuar, aunque los ejes de disputa se concentrarán más en recursos naturales que en mercados o rutas comerciales.


La Inteligencia Artificial va a marcar el orden mundial en 2026. Su crecimiento exponencial continuará en todos los campos, especialmente en salud, educación, finanzas y producción, y su uso se generalizará en casi todas las actividades humanas. Sin embargo, producirá intensos debates legislativos, éticos y políticos sobre sus efectos para el empleo, seguridad y propiedad. Además, enfrentará sus primeras limitaciones logísticas, especialmente por la escasez de semiconductores avanzados y el crecimiento exponencial de energía en los centros de datos.


Nuevas tecnologías y digitalización avanzada en internet satelital, tecnología 6G y ciudades inteligentes transformarán la infraestructura global, y la ciberseguridad se convertirá en un centro crítico, con riesgos crecientes por amenazas sofisticadas sobre los sistemas financieros, los gobiernos en línea e incluso los servicios públicos.


La brecha de desigualdad e inequidad seguirá profundizándose, aunque los nuevos vectores de segregación serán el control del conocimiento y la tecnología aplicada al bienestar. Problemas recurrentes como las migraciones, el terrorismo, el delito internacional, los desastres climáticos, las crisis humanitarias y la pobreza van a seguir erosionando la estabilidad y el crecimiento global.  


Puede que enfrentemos un retroceso en temas como los derechos humanos, las agendas sociales y el medio ambiente; en cambio habrá un reposicionamiento significativo de los derechos individuales, el desarrollo tecnológico y la transición hacia el uso del dinero digital y la hiperconectividad.  


Nuestro vecindario va a tener un año particularmente intenso. Brasil, Perú y Colombia tendrán elecciones presidenciales, mientras que los nuevos gobiernos de Chile, Ecuador y Bolivia empezarán a implementar medidas de ajuste, en escenarios de crisis económica y fragmentación política. La tendencia de la región hacia gobiernos liberales y economías abiertas, es una señal de cambio muy potente que podría incluso llevarse consigo a los regímenes de Venezuela y Cuba, cuyo fin parece estar cerca.


Es posible que Brasil y Guyana empiecen a tener un protagonismo inusitado para determinar los precios internacionales del petróleo. Asimismo, la inauguración del Puente Carmelo Peralta en Paraguay y Puerto Murtinho en Brasil abrirá este año el flujo comercial entre el Atlántico y el Pacífico a través del Corredor Bioceánico más importante de la región. 


A partir de su Estrategia de Seguridad Nacional, la presencia estadounidense se acrecentará en la región, especialmente en Bolivia, Paraguay, Argentina, Ecuador y eventualmente Perú, aunque por ahora no reemplazará a las inversiones de Europa, China, India y Rusia. La tendencia de los países será más bien hacia una apertura pragmática a inversiones masivas sin importar su origen, especialmente en áreas como energías alternativas, telecomunicaciones, infraestructura ferroviaria y caminera, minería y agroindustria. Con reglas de juego ajustadas y gobiernos más abiertos, la competencia para captar inversiones puede animar a capitales asiáticos y europeos a apostar por el subcontinente. 


Según la CEPAL, este año el crecimiento del empleo será modesto, y la región seguirá enfrentando alta desigualdad salarial, empleo informal y brechas de bienestar social. Temas como la crisis de las pensiones, inclusión laboral, deficiente educación y salud, y brecha de género seguirán ganando importancia en agendas públicas.


El 2026 no será un año más: será un punto de inflexión. La tecnología, los recursos naturales y la geopolítica abren oportunidades reales, pero también riesgos de repetir viejos errores bajo nuevas formas. Convertir nuestras ventajas en desarrollo, dependerá menos del contexto internacional que de la calidad de nuestras decisiones políticas, institucionales y sociales. El margen de error se estrecha, y el tiempo para decidir es ahora.
 

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