¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

¿Qué hace un vallegrandino en la ciudad de La Paz?

Miércoles, 18 de marzo de 2026 a las 04:00

La ciudad de La Paz recibe a una cantidad enorme de turistas cada año, pero también migrantes, tanto del interior del país como del exterior, que por diferentes motivos llegan a la sede de gobierno para residir, ya sea de forma temporal o permanente, formando su hogar y patrimonio.

Cuando llegué a la ciudad, como uno más, vallegrandinólogo empedernido, pensaba en cuántos vallegrandinos habían llegado antes a residir en esta ciudad, creyéndome una rareza en la ciudad maravilla, me di cuenta rápidamente de que no era así.

Ya desde el siglo XIX, Juan José Martínez fue Comisario de la Policía de La Paz en 1853 y Adolfo González Ríos, edecán del presidente Melgarejo, que además participó en la guerra del Pacífico con el regimiento Murillo, después de la cual se dedicó a las actividades empresariales en sus propiedades en el norte de La Paz. González fue electo miembro de la Junta Municipal paceña y presidente de la misma en más de una ocasión, convirtiéndose así en el primer alcalde vallegrandino de La Paz. Contrajo matrimonio con doña Mercedes de la Tapia, formando una respetable familia paceña. Hoy en día una calle del populoso barrio de San Pedro lleva su nombre, como recuerdo perpetuo.

A inicios del siglo XX, la ciudad atrajo a intelectuales, abogados, políticos, sacerdotes y militares. El poeta vallegrandino Emilio Finot, con apenas 24 años de edad, llegó a la ciudad, convirtiéndose rápidamente en un referente de la poesía nacional. Lamentablemente falleció poco después, sin llegar a cumplir los 26 años de edad, después de mantener una encendida polémica con Franz Tamayo. Siguiendo sus pasos, llegaron Enrique Finot, hermano menor de Emilio, también vallegrandino según las últimas investigaciones biográficas, y Santiago Jordán Sandoval, dedicados a la labor diplomática a la par de sus trabajos académicos.

En 1912, el sacerdote vallegrandino Manuel José Peña fue nombrado obispo de La Paz, dejando un leve recuerdo al fallecer tempranamente en Collpani, mientras realizaba una visita pastoral, en 1914, mientras pocos años después llegaba Julio Lairana Sandoval, quien llegó a ser fundador y primer director del Instituto Pedro Domingo Murillo.

Poco después de la guerra del Chaco varios vallegrandinos asentaron sus reales en la sede de gobierno, entre los que destaca Isaac Vincenti Barrientos, quien llegó a ser director nacional de Policías y Carabineros, cargo hoy equivalente al de comandante general de la Policía Boliviana; Horacio Aníbal Ugarteche, quien, además de dedicarse a la poesía y la oratoria, fue presidente de la Asociación Nacional de Scout de Bolivia y comandante en jefe de la Fuerza Naval del país; David Terrazas Villegas, quien fue director del Colegio Militar del Ejército y jefe del Estado Mayor General en 1952, por lo que le cupo firmar la rendición de Laja que dio la victoria al MNR en la revolución de abril de aquel año. Celso Camacho y Lucio Guzmán Velasco, dejaron sus huesos en el mausoleo paceño de los héroes del Chaco. Muchos de ellos formaron el Centro Vallegrande – Florida que impulsó la departamentalización de su tierra natal.

Pero también llegó la música. Pepita Cardona llegó a La Paz desde su Vallegrande poco después de la guerra y se quedó para siempre, encontrando el amor junto a su querido Tito Yupanqui, con el que conformó Wara Wara.

Los abogados Franz Aureliano Roca y Rubén Terrazas no solo abrieron bufetes en la capital paceña, sino que se dedicaron a labores políticas, resultando Terrazas electo diputado por Santa Cruz y Ministro de Estado en varias carteras. Murió asesinado en la masacre de Chuspipata de 1944.

En los cuarenta, Neftalí Morón de los Robles, el “camba colla superado” también llegaba a la urbe paceña para sacudir el ámbito poético y consolidar su posición política como miembro fundador del Partido Comunista de Bolivia en 1950, mientras en el otro extremo el padre Erasmo Cardona Soto, llegaba al San Calixto, colegio al que le escribió el himno.

Para la década de los cuarenta, la colectividad vallegrandina conformó el “Centro de Acción Vallegrandina” que impulsó proyectos de desarrollo tanto para su natal Vallegrande como para la ciudad de La Paz. Miembro activo del mismo fue Hugo Lijerón Jordán, poeta y periodista que fundó La Voz de Vallegrande, periódico que circuló en La Paz y Vallegrande.

En la década de los cincuenta, un vallegrandino formó la empresa de gaseosas más grande del país, Rafael Mendoza Castellón, quien además fue dirigente histórico de uno de los clubes más representativos de La Paz, The Strongest. En la misma década el periodismo paceño se enriqueció con la presencia de Óscar Peña Franco y Mario Rueda Peña; dos décadas después llegaría Remberto Cárdenas.

Algunos años después, la diócesis de La Paz volvió a tener un obispo vallegrandino, cuando Julio Terrazas fue nombrado obispo auxiliar de la jurisdicción eclesiástica paceña, en 1978, mientras las letras paceñas sumaron a Manuel Vargas Severiche, quien nunca dejó de escribir sobre su tierra natal.

Hasta aquí dejé de pensar en ello. Muchos otros nombres que seguían viniendo a mi cabeza sumándose a los que ya había enumerado, me dejaron más que claro que Vallegrande aportó más que un simple vallegrandinólogo a la ciudad maravilla.

(*) El autor es escritor y editor

Tags

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: