No deja de causar decepción haber perdido la posibilidad de asistir al Campeonato Mundial de Fútbol, a pesar de la resignación demostrada al empezar la noche del miércoles, después de que fuimos eliminados en el repechaje por un país deportivamente casi tan mediocre como nosotros.
Debemos dejar claramente establecido que dicho resultado negativo es consecuencia directa de toda una mediocre estructura deportiva y en particular la futbolística.
Existen variables inocultables que muestran en su real dimensión, una estructura mediocre, empezando por una directiva (no solo la actual, también muchas de las anteriores) que manejan las instituciones a su regalado gusto e intereses, dejando de lado el profesionalismo, perjudicando la estructura deportiva, en particular del fútbol.
Desgranemos algunas de esas conductas negativas, que las disfrazan en un manto de seriedad, aún sabiendo que al final aparecen en la superficie.
Se jugaban internacionalmente los partidos de fútbol importantes en el estadio Hernando Siles en Miraflores de La Paz, a una altura de 3.660 metros sobre el nivel del mar. Eso causaba tremendas ronchas en aquellos países que les tocaba jugar en nuestro país. Al final se aceptó, e incluso muchos equipos extranjeros ganaban a los locales.
En una manifiesta búsqueda de conductas mezquinas e interesadas y de procurar obtener ventajas, se cambió oficialmente la sede de Miraflores a Villa Ingenio de El Alto a 4.100 metros de altura, con el único y claro objetivo de aumentar las condiciones negativas para los equipos que vienen de alturas a nivel del mar o un poco más altas, que tienen las consecuencias de malestar físico, como se presenta en las personas que, incluso solo al llegar al aeropuerto internacional de El Alto, sufren el soroche o mal de altura y, sin ir al exterior, los equipos bolivianos que suben a este estadio, también sufren efectos negativos, aunque a la fuerza se buscan reducir, pero el rendimiento físico y obviamente deportivo baja.
Esa conducta torcida de subir a altitudes que más se puedan, para jugar un partido de fútbol, en busca de evidentes ventajas antideportivas, si no es algo mezquino y deleznable, qué otro calificativo se le puede dar.
Otro aspecto que se busca soslayar, con la complicidad de la prensa deportiva, es la alegría que se tiene por haber llegado al repechaje del campeonato de clasificación sudamericana al Mundial de esas fechas. Estar en la búsqueda de estas instancias, a pesar de jugar en un estadio a más de 4.100 msnv, evidencia claramente el fracaso de las políticas de la dirigencia deportiva, que muestra su incapacidad de trabajar en un esquema serio y profesional, para clasificar en el grupo directo y no estar rogando a todos los santos, para que podamos llegar al repechaje y no nos dejen afuera, con el aditamento, que llegamos a esa instancia y también nos eliminan.
Los chicos de la actual selección de fútbol nacional han desvirtuado el torcido interés dirigencial de jugar en la altura, al haber demostrado que en lugares bajos pueden rendir mejor que en las alturas, pero reconocer esta situación, seguro va a romper el esquema de mezquinos intereses dirigenciales.
No es cuestión de calidad futbolística, es cuestión de honradez y sinceramiento, rompiendo el esquema de intereses que no necesariamente son los mejores, como está hasta ahora demostrado.
(*) El autor es abogado