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Corona de Espinas

Viernes, 27 de febrero de 2026 a las 04:00

La corona de Espinas en la Pasión de Jesucristo, fue un instrumento de tortura y manipulación. Como cuando el ser humano busca a toda costa manipular al otro, haciéndolo sufrir y generándole dolor. Y por eso nadie está pensando en ponerse una corona de espinas.

En la antigua Grecia se usaban las coronas de laureles para los triunfadores, y honrar a los poetas, atletas y generales. De ahí los romanos toman ese concepto para fabricar una de espinas y burlarse del Reinado de Jesús. 

Hoy la sociedad nos habla de otras coronas. Todos queremos una gratificación. Nos hablan de estar a la moda. De lograr el teléfono de última generación, de tener la ropa de temporada, de pasar muchas horas haciendo deporte para lograr una aprobación social.   Sin embargo, son coronas exteriores y pasajeras.

Iluminando la experiencia de Fe en Jesús a través de los escritos místicos de  Santa Gema Galgani, quien eligió la corona de espinas en lugar de la de rosas cuando su Ángel Guardián le presentó ambas, simbolizando su deseo de unirse al sufrimiento y sacrificio de Jesús. Esta elección destaca su profunda espiritualidad centrada en la Pasión de Cristo, prefiriendo el dolor redentor a los placeres terrenales. 

La corona de Espinas aparece todo el tiempo, vienen los sufrimientos constantes, se pasa una dificultad y aparece una nueva. La vida parece un camino de espinas. Sin embargo Santa Gema escogió la corona de Espinas no porque sea gustosa del sufrimiento, sino porque descubrió que había una victoria detrás de esa corona.

Ponerse la corona de espinas es asumir la vocación propia. Jesús no quiso sufrir pero asume su causa de salvación aunque tenga que hacerlo.
Una madre que vive experiencias de soledad, haciéndose fuerte, atendiendo los problemas de  sus hijos muchas veces sola, es quien se ha puesto la corona de espinas. No es una corona de rosas que por más bonita que sea, se marchita. Es una corona que duele y que como Jesús en su pasión dolorosa, sufre maltratos, calumnias y muchas veces tiene que hacer silencio y seguir su camino.

Ninguno de nosotros quisiéramos ponernos una corona de espinas, pero todos vivimos también situaciones externas que nos hacen sufrir. Hay personas expertas en poner coronas de espinas a otros. Siguen existiendo soldados romanos sanguinarios y llenos de maldad,  creativos en el mal y en trenzar coronas llenas de púas. 

Al final Jesús muere y resucita. Tal vez cada vez que asumimos la corona de espinas, vamos asumiendo la verdad de nuestra vocación. Podrías huir de tus responsabilidades, podrías evitar todo sufrimiento, pero al final puedes celebrar tus victorias y ver que esa corona no traía solo espinas, sino victorias eternas.

Un día vi a  una joven que se graduaba de profesional en una famosa universidad, adulaba a su madre, la felicitaba. La madre le decía, es el día de tu grado, ¿por qué me felicitas? La hija le responde, porque cuando mi papá nos abandonó cuando yo era pequeña, tú me tomaste de la mano y seguiste adelante, cuando no tenía para pagar el semestre, tú vendías empanadas y hacías arreglos de ropa para conseguir para mi semestre, cuando ya me quería retirar para poder conseguir dinero y subsistir, tú no me dejaste hacerlo,  tú me motivaste a continuar con mis estudios. “Tú, mamá, te pusiste una corona de espinas, las deudas te hicieron sudar sangre, tus preocupaciones te punzaron la cabeza”, viviste sin comprarte ropa para ti por años. Este éxito es gracias a todos tus dolores. Te felicito mamá. 

Y también la corona de espinas nos permite ver nuestros propios dolores y asumir el principio de realidad, para enfrentar con honestidad la historia de vida y darles sanación. 

La contemplación en la Pasión de Jesús nos hace despojarnos de lo superficial, dejar atrás los orgullos innecesarios que solo intentan tapar las propias heridas y nos llevan a descubrir el camino de la libertad y de la mirada limpia. Podemos sufrir sin sentido al querer aspirar y demostrar con aspectos de poder y de fuerza, para tapar la debilidad. Pero la herida seguirá sangrando y la vida seguirá sufriendo. Por eso Santa Gema escogió la corona de espinas, porque allí encontró el amor verdadero, la redención. 

Acercarse a la corona de espinas, es liberarse de prejuicios, es asumir con humildad la vida, vivir libre, solo dejarse abrazar por Dios y como decía nuestra santa pasionista, querer volar.  Cuando el alma vuela, no está apegada a nada. Tiene a Dios como certeza y es su fuerza. 

Terminemos con las Palabras del apostol Pablo en Corintio 1, 18.
Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”. 

Querido lector, me despido con una pregunta:  ¿Has encontrado en las espinas salvación?

Su amigo.

(*) Misionero Pasionista
Spotify: cantopasion

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