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Cara a cara

Viernes, 27 de febrero de 2026 a las 04:00

 El alcalde de Santa Cruz de la Sierra, Jhonny Fernández, pasó su primera noche en Palmasola. Le quedan 99 amaneceres más. Bien dice el refrán: lo que mal empieza, mal acaba. El pavimento que, supuestamente, era una obra estrella de su gestión terminó convertido en prueba judicial. 

 Probablemente no imaginó semejante escenario. No volverá a pisar la Quinta Municipal. Cuando salga, la ciudad tendrá otro alcalde, quizá revisando con lupa cada documento que quede en el despacho. El poder es siempre transitorio; lo que permanece son los papeles, las firmas y las responsabilidades. Gobernar no es cantar en campaña, es responder después.

 Lo inquietante es otra cosa: si la ciudad ya estaba mal con el alcalde en funciones, ¿cómo funcionará ahora, con la autoridad tras las rejas? Santa Cruz no puede entrar en pausa institucional. La basura no espera, los canales no se limpian solos, las deudas no se evaporan.

 Y en medio de todo, surge otra pregunta: ¿dónde queda Fundamax? Aquellos centros de capacitación que se abrieron por toda la ciudad con el discurso de ayudar a los más necesitados -¿o de captar adeptos?-. ¿Era solidaridad genuina o simple propaganda con recursos y estructura municipal orbitando alrededor? La línea entre asistencia social y maquinaria política suele ser delgada. 

 Moraleja en plena campaña electoral: elegir no es un acto romántico. Es una decisión que pesa años. TikTok y canciones pegajosas sirven para ganar votos; rara vez garantizan buena gestión. Alcaldes, gobernadores, presidentes y vicepresidentes no administran likes: administran ciudades, presupuestos y destinos colectivos. Y eso exige algo más que carisma.

(*) El autor es editor

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