Preocupado porque Bolivia es el tercer país de la región donde ocurren más muertes de mujeres en estado de gestación, después de Haití y Venezuela, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) encargó a su representante, Pablo Salazar, presentar una estrategia para que nuestro país logre controlar y reducir la mortalidad de nuestras madres bolivianas. ¿Cuán grave es nuestra situación? Bolivia alcanza 146 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Anualmente, en esta tierra mueren 380 mujeres por complicaciones durante el embarazo.
¿Cómo es esto posible si toda mortalidad materna es básicamente prevenible? “Ninguna mujer debiera morir al dar vida”, expresó Salazar, que presentó en La Paz el informe ‘Hilos de vida rotos, desafíos de la mortalidad materna en Bolivia’, a representantes de diversos sectores de la sociedad y del Gobierno, relacionados con los derechos de las mujeres.
El emisario describió alarmado algo que las bolivianas sabemos de memoria: muchas mujeres en gestación mueren por hemorragias y trastornos en la presión arterial, esto último es una complicación obstétrica “silenciosa” por la que requieren atención médica y, finalmente, por infecciones. Se ha normalizado que a las embarazadas les duele la cabeza, que sangren o que se les hinchen los pies, complicaciones que en circunstancias ideales debieran ser inmediatamente atendidas, porque todo esto se puede prevenir al 100%.
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