Vuelven las mismas mañas. Con las elecciones autonómicas del 22 de marzo en el horizonte, comienza el desfile de candidatos. Al menos hasta el 22 de diciembre, día en el que se deben registrar las listas de postulantes, estaremos expuestos al baile de nombres que van y vienen. Será por partida doble: unos para Alcaldía y otros para la Gobernación. Bueno, y los más inquietos deslizarán la posibilidad de estar presente en cualquiera de las dos papeletas, como si fuera lo mismo. O como si lo importante fuese conseguir el espacio político a como dé lugar.
Las primeras escaramuzas no son halagüeñas. Y basta una simple confesión, eso sí, en video difundido por las redes, para que estalle la polémica. No hace falta mostrar pruebas o presentar evidencias. Ahora, la verdad se afianza en el número de seguidores o de likes que se acumula. Con este panorama, la guerra sucia será más protagonista, aún, en este nuevo proceso electoral.
Pronto nos olvidamos de las turbulencias vividas este mismo año tanto en la primera como en la segunda vuelta presidencial. Las recomendaciones del Órgano Electoral, esas en las que enfatizaba la importancia de garantizar información trasparente, han caído en saco roto. Y tal como observaba el presidente en ejercicio del TSE Óscar Hassenteufel, la guerra sucia será protagonista recurrente de nuestras decisiones electorales. Al menos hasta que no hagamos algo para frenar la proliferación de estos mensajes dañinos propiciados, muchas veces, por los equipos políticos de los mismos candidatos.