Acoso callejero. Tal vez las mujeres en Latinoamérica normalizaron el hecho de que las incomoden y hagan sentir vulnerables en la calle, en el micro, en espacios abiertos o cerrados. Piropos inapropiados y silbidos han sido parte del diario vivir de muchas y esta vez la presidenta de un país de más de 130 millones de habitantes fue una más.
Claudia Sheinbaum sufrió este martes acoso sexual callejero cuando un individuo la manoseó e intentó besarla mientras caminaba y saludaba a simpatizantes en pleno centro de la capital mexicana. Que por qué se arriesgó a caminar por el centro de la ciudad, que por qué en un afán de hacerse ver cercana a la gente se expuso, me parecen críticas que están por demás. Ella, mandataria o cualquier otra estudiante, profesional, trabajadora del hogar, profesora, ingeniera, etc., todas deberían tener el derecho a caminar tranquilas y sentirse seguras.
Este miércoles, la presidenta, que en primera instancia decidió no dar mayor importancia al hecho, reflexionó y sentó una denuncia. “Decidí levantar denuncia porque esto es algo que viví como mujer, pero que lo vivimos todas en nuestro país. Es un delito en la Ciudad de México y si no presento denuncia, ¿en qué condición se quedan todas las mujeres mexicanas? Si esto le hacen a la presidenta, ¿qué va a pasar con todas las otras mujeres en el país?”, dijo. Si bien México no tiene buenos antecedentes en materia de derechos y protección de las mujeres como la mayoría de los países de nuestro continente -la mafia y el narcotráfico las secuestra, mata y abusa- hoy, con la denuncia que sentó Sheinbaum, el acoso callejero ha sido puesto sobre la mesa.