Convicción y bronca. Esos son los motores de sus acciones, cada vez que atestigua violencia contra la naturaleza.
Antes de 2019, Antonio Cajías Cueto tenía una rutinaria vida como funcionario público “del montón”, en sus propias palabras.
“Debo admitirlo, vivía cómodamente con un sueldo del centralismo, hasta que llegaron los incendios en la Chiquitania, que para mí fueron como un balde de agua fría, un sacudón”, confiesa. Ese suceso marcó un antes y un después en su vida. Confiesa que sintió mucha impotencia al ver cómo en La Paz la gente no se movía para ayudar en algo, como si la Chiquitania fuera solo cruceña y no boliviana, cosa que lo desmotivó mucho.
Para él, existe más conciencia en la población, en la gente de a pie, que en el mismo Gobierno.
“Fui ese año y fue un golpe muy duro porque nunca vi tanta desorganización. No sabían qué hacer con tremendo avión, ni por dónde era su ruta; o sea, todo mal”, asevera.
Desde entonces se metió en marchas, y luego trataba de tratar de entender por qué el aparato gubernamental permitía tanta destrucción del medioambiente.
Renunció a su trabajo y se dedicó a hacer radio. Dice que en esa época, y hasta hoy, lo mueven la empatía y el desprecio por la injusticia, esto abarca a todos los seres vivos.
Se abocó a dos pasiones, inicialmente a la música, con el programa radial “La comunidad del Vinilo”, y luego con otro producto pro madre Tierra, de nombre “La voz de la naturaleza”, esta vez en las redes sociales.
También hizo un diplomado en Comunicación Ambiental en México, cree que a partir de esa especialización realiza un trabajo más profesional en lo referente a esa temática.
Y aunque había abandonado muchas cosas, entre esas su estabilidad, por amor a la fauna y a la flora, sintió que no era suficiente el sacrificio.
“Me di cuenta de que no solo se trataba de estar en una pantalla y me metí a hacer rescates, y luego a denunciar”, recuerda.
Apostó especialmente por la protección de los animales silvestres, ya que considera que la fauna doméstica tiene a defensores en cientos de organizaciones animalistas, que hasta se pelean entre ellas.
“Por eso me parece más coherente luchar por la fauna silvestre, que si bien se la menciona en alguna normativa, aún falta que sea reconocida como el conjunto de seres con derechos”, cuestiona.
Sin miedo
Antonio Cajías monitorea de forma permanente las redes sociales y denuncia ante las autoridades a cargo, apoya los operativos de rescate, y le ha tocado chocar con mascotismo de parte de famosos. No tiene problema con exponerlos en sus redes.
Asimismo, con la ayuda de gente comprometida, como el abogado experto en temas ambientales, Rodrigo Herrera, lleva ante las instancias judiciales los procesos. Uno de los más recientes fue contra mineros ilegales, y gracias a su denuncia, un juez ordenó la paralización de actividades ilegales, y la militarización del Madidi.