Deisy Ortiz / Corresponsales
La festividad de Todos Santos y el Día de Difuntos se vive entreritos y costumbres que caracterizan a cada región, pero que tienen en común honrar a los seres queridos que ya no están entre nosotros. Mientras en gran parte del oriente boliviano las familias acostumbran a acudir a los cementerios para acompañar y elevar oraciones por el alma de sus difuntos, en el occidente del país se arman altares con ofrendas en honor a sus seres queridos. Con algunas particularidades, esta tradición también se extiende a los valles cruceños y es parte de las costumbres de muchas familias en la capital cruceña. En las provincias de Santa Cruz y en el occidente se viven otras costumbres, como brindar protección y despedir a chicotazos a las almas. En las provincias En San Ignacio de Velasco se mantiene la tradición heredada de los ancestros chiquitanos, donde el Cabildo Indígena es parte activa de las actividades religiosas. Rezan el Santo Rosario en lengua nativa bésiro los días 1 y 2 de noviembre por el descanso eterno de las almas. En los Valles cruceños las actividades se centran en los cementerios. Las familias llegan a los camposantos con mesas, sillas y canastos con masitas que han sido elaboradas para ser entregadas a los rezadores de todas las edades, que se reúnen frente a las tumbas o mausoleos. Niños, jóvenes y adultos recorren las sepulturas rezando y mencionando el nombre de los difuntos. Los mayores, un poco alejados de los niños, invitan copitas de licor. Ocasionalmente, se nota la presencia de abuelas vallegrandinas, que rezan como les enseñaron sus padres, oraciones cantadas con una devoción que termina en llanto al recordar al familiar fallecido. En Pailón la gente acostumbra a visitar los cementerios y las familias llevan algo para compartir, como chicha, café y empanadas, entre otros alimentos. En Concepción llegan visitantes de otras partes.La gente se reúne en familia para rezar y prender velas. También se acercan al templo para orar. En el pueblo Guarayo existe la creencia de que los difuntos salen de sus tumbas y necesitan un parichi (trenzado de hoja de cusi) para cubrirse, ya sea del sol o de la lluvia. Por eso, los familiares dejan uno encima de la tumba. En San Matías, la Alcaldía dispuso con tiempo la limpieza y pintado de los dos camposantos que tiene la población fronteriza, porque existe la tradición de esperar a sus seres queridos la noche del 31 de octubre y del 1 de noviembre. Familiares y amigos suelen acudir a los camposantos para compartir comidas y bebidas, acompañados de la música que le gustaba al difunto. La llegada de gente de otras regiones también ha fusionado tradiciones, porque muchos ya elaboran las tantawawas y masitas. Las regiones del país En Tarija es una tradición arraigada que las familias acudan con velas, faroles y flores a los cementerios la noche del 1 de noviembre y se queden hasta el día siguiente. El costumbrista Juan Flores dijo que esta práctica se mantiene en el tiempo porque es una reunión familiar para recordar al difunto. Agregó que en el área rural las familias preparan una chicha especial y colocan comida, bebida y masas que más le gustaban al fallecido. Además, interpretan coplas para convertir la tristeza en alegría y aceptar que el familiar ya no se encuentra con ellos. En el occidente, las mesas de difuntos son una tradición marcada. En La Paz, muchas familias ya han preparado sus masitas para colocar en la mesa de sus difuntos, toda vez que existe la creencia que el 1 de noviembre las almas llegan de visita, por eso en los hogares se alistan para esperarlas. En la mesa colocan una tantawawa por cada difunto. También ponen escaleras de pan y caballitos, porque se cree que ayudan a las almas a bajar al mundo terrenal y a subir al cielo. Además, les colocan agua para la sed, caña de azúcar que sirve para el bastón y todos los platos y bebidas que le gustaban al difunto en vida. Al mediodía del 1 de noviembre la familia se reúne para rezar y recibir a las almas. Al día siguiente levantan la mesa y compartenlos alimentos que han preparado. En Cochabamba la tradición es similar y en las casas colocan un rozón negro para que las personas que quieran entrar a rezar lo hagan. Alistan el Mast’aku, que es una mesa donde se coloca los alimentospara el difunto. También hay grupos musicales que cantan en quechua y español y recorren las casas donde esperan a las almas. Hay creencias que se viven con tradiciones bien marcadas. En algunas localidades cochabambinas realizan las cacharpayas (despedidas) de Todos Santos y el Día de Difuntos. Después de levantar la mesa, los familiares eligen a una persona que representa al difunto. Cuando el alma no quiere irse recibe chicotazos. También en otras localidades de Cochabamba, una vez terminados los ritos para despedir al alma, se abre paso a la fiesta de Wallunk’a. Se arman columpios, donde se balancean las jovencitas. Hay arcos con canastas y baldes, los cuales se colocan delante de los columpios para que las muchachas puedan alcanzarlos. En Chuquisaca también hay costumbres que se repiten en esta festividad. Entre el 31 de octubre y 1 de noviembre la gente se vuelca al cementerio general para visitar y llevar flores. El 2 se espera a las almas en las casas en medio de oraciones, chicha con panela y el tradicional mondongo. Luis Miranda, director administrativo del Cementerio General en Sucre, informó que las puertas del camposanto estarán abiertas para que la gente pueda acompañar a sus difuntos como es costumbre. Muchos llevan música y mariachis que cantan los temas favoritos del difunto. Hay personas que preparan rosquetes en cantidad y comida para recibir a las almas y a los visitantes de los k’anchakus (mesas). Los rezadores, al ingreso deben tomar dos copas de coctel de diversos colores, servirse un plato de mondongo y recibir unabolsa de rosquetes. Si quieren pueden quedarse porque a los conocidos de la familia doliente les invitan un balde de chicha y jarras de cocteles. Algunas de las personas se quedan acompañando a los familiares hasta la entrada del sol, cuando se procede a despedir al alma. Es tradicional que se contrate un charanguero o un guitarrero que se viste de pollera para salir bailando hasta el lugar escogido para despachar al alma.