El mercado laboral boliviano ya no es el mismo de hace una década, y las universidades lo saben. La creciente demanda de habilidades prácticas, pensamiento crítico y adaptación tecnológica está obligando a las casas de estudio a replantear su rol: dejar de ser espacios de transmisión de conocimiento para convertirse en centros de formación de soluciones.
Desde la Universidad Privada Domingo Savio (UPDS), el enfoque es claro: el objetivo ya no es solo enseñar teoría, sino formar profesionales capaces de resolver problemas reales.
“El propósito es formar profesionales más humanos, con capacidad de intervenir en soluciones concretas que requiere la sociedad boliviana”, señaló su vicerrector académico, José A. Landriel.
Este enfoque responde a una tendencia global advertida por organismos como la Organización Internacional del Trabajo y el Banco Interamericano de Desarrollo, que alertan sobre la brecha entre formación académica y demanda laboral en América Latina.
En Bolivia, esa brecha se traduce en una paradoja: hay profesionales titulados, pero muchas empresas siguen reportando dificultades para encontrar talento con habilidades prácticas.
Frente a este escenario, la UPDS asegura haber rediseñado todas sus carreras bajo un modelo por competencias, incorporando cinco ejes transversales: sostenibilidad, pensamiento crítico, inteligencia artificial, ética y emprendedurismo.
Estos ejes no funcionan como materias aisladas, sino como un enfoque que atraviesa toda la formación.
Además, han incorporado un sistema de microcertificaciones que permite a los estudiantes acreditar habilidades específicas a lo largo de su formación, una apuesta directa a mejorar la empleabilidad.
Una visión similar impulsa la Universidad Tecnológica Privada de Santa Cruz (Utepsa), que basa su modelo en el concepto de “educar para emprender y servir”.
Según su rector, Rúben Darío Dabdoub, la meta es formar “profesionales de clase mundial”, con capacidad técnica, pero también con liderazgo, ética y visión global.
“Se busca reducir la brecha entre la teoría y la realidad operativa de las empresas, apostando por el aprender haciendo”, dijo Dabdoub.
Este enfoque incluye sistemas modulares que permiten al estudiante avanzar en su formación mientras se inserta en el mundo laboral, además de programas de pasantías, ferias de empleo y centros de interacción con la realidad económica.
Ambas universidades coinciden en que el mercado laboral demanda un conjunto de habilidades transversales, como pensamiento crítico, comunicación efectiva, resolución de problemas, competencia digital, capacidad de adaptación y trabajo en equipo.