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La demanda laboral ahora prioriza la capacidad de adaptarse y de aprender

Martes, 07 de abril de 2026 a las 16:17
Recursos. La tecnología es una de las principales características que los futuros profesionales deben incorporar, pues el mercado laboral toma en cuenta estas habilidades competitivas

Situación. Pensamiento crítico, manejo digital, trabajo en equipo y capacidad para adaptarse se convierten en claves para acceder a empleos en sectores productivos

A sus 24 años, Angélica terminó la universidad convencida de que su título sería suficiente para abrirle las puertas del mercado laboral. Pero tras varios meses enviando currículums sin respuesta, entendió que algo había cambiado: ya no bastaba con saber, había que demostrar lo que se puede hacer.
Su historia no es aislada. Refleja una transformación silenciosa que atraviesa el mercado laboral boliviano, donde las empresas están dejando de priorizar credenciales para enfocarse en habilidades concretas, capacidad de adaptación y resultados.
Según, María Fernanda Roca, especialista en desarrollo de talento y liderazgo organizacional, hoy el perfil más buscado no es necesariamente el más experimentado ni el más académico, sino el que logra un equilibrio entre conocimientos técnicos y habilidades blandas. 
“Cada vez pesan más la adaptabilidad, el pensamiento crítico, la comunicación y la capacidad de aprendizaje”, afirmó.
Sin embargo, para Romina Landívar, experta en selección de personal y propietaria de la Consultora Efecto, el tema de la experiencia o de la formación académica es determinante y lo es en distintos tipos de niveles según el cargo y su alcance dentro de la estructura de la empresa. 
Existen cargos que no precisan título profesional pero sí precisan cierto tiempo de experiencia o viceversa. Lo que sí es muy cierto, es que un título profesional y una experiencia sólida siempre pondrán al postulante en ventaja. Para personas que recién se están formando la mejor forma de adquirir experiencia es realizar colaboraciones o pasantías en organizaciones que le aporten realmente”, precisó Landívar.

Jóvenes sin opciones 

A pesar de que el país mantiene una de las tasas de desempleo más bajas de la región —2,3% en el área urbana al cierre de 2025, según el Instituto Nacional de Estadística—, el problema ya no es solo conseguir trabajo, sino acceder a empleos de calidad y acordes a la formación profesional.
Y en ese terreno, los jóvenes enfrentan la mayor dificultad.
 Las cifras son claras: el desempleo juvenil duplica al promedio general. Mientras la desocupación total ronda entre 2% y 3%, en los jóvenes llega al 6%, evidenciando una brecha estructural en la inserción laboral.
A esto se suma la informalidad juvenil alcanza niveles cercanos al 96%, lo que implica que la gran mayoría trabaja sin estabilidad, sin beneficios sociales y con ingresos variables.
En un país donde el salario mínimo nacional se elevó a Bs 3.300 en 2026, muchos jóvenes ni siquiera alcanzan ese umbral en sus primeros empleos.
El resultado es un mercado laboral que sí genera empleo, pero no necesariamente oportunidades de desarrollo profesional, hacen notar desde el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla).
 Este cambio no es exclusivo de Bolivia. Informes de organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierten que América Latina enfrenta una creciente brecha entre lo que enseñan los sistemas educativos y lo que demandan las empresas.
Según el Cedla, en Bolivia, esta brecha se vuelve más evidente en un contexto donde más del 70% del empleo es informal, lo que obliga a miles de trabajadores a formarse en la práctica y desarrollar habilidades fuera del aula.
Para Roca, el mercado está migrando hacia un modelo basado en resultados. 

Lo que buscan las empresas

Desde el otro lado del escritorio, la lógica también ha cambiado. Roca remarcó que en la actualidad las empresas priorizan perfiles que combinen habilidades técnicas con habilidades blandas. Pero, sobre todo, valoran la capacidad de adaptación, el pensamiento crítico, la comunicación y la rapidez para aprender.
“El foco ya no está en cuántos años trabajaste, sino en qué lograste y qué tan rápido puedes generar valor”, señaló.
En ese contexto, la llamada learnability —capacidad de aprender, desaprender y adaptarse— se convierte en una de las competencias más buscadas.
La demanda laboral también refleja el momento económico que atraviesa el país.
Según Roca, las empresas están priorizando tres grandes tipos de perfiles: Comerciales y de desarrollo de negocio, para generar ingresos. Digitales, con manejo de datos y herramientas tecnológicas y operativos y financieros, enfocados en eficiencia y reducción de costos.
“Hoy se buscan perfiles híbridos: un comercial que entienda datos, un financiero con visión de negocio o un profesional digital orientado a resultados”, subrayó.
Landívar considera que los cargos comerciales siempre serán los más demandados en el mercado, pues toda organización precisa “comerciales” que vendan qué promocionen o que posicionen.
Y hace una observación y es que no siempre el que es seleccionado para el cargo es el más capaz, “el seleccionado debe ser el que encaje mejor según la necesidad y características de la empresa”.
Desde la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia advierten que el país enfrenta un desafío estructural: mejorar la calidad del capital humano.
En distintos pronunciamientos, el sector empresarial ha insistido en la necesidad de alinear la formación académica con las demandas reales del aparato productivo, especialmente en áreas como tecnología, industria, logística y servicios.
Una posición similar sostiene la Cámara Nacional de Industrias, que ha señalado que uno de los principales cuellos de botella para el crecimiento del sector industrial es la falta de mano de obra calificada con competencias tanto técnicas como de habilidades prácticas.
Para el economista Germán Molina el mercado laboral boliviano cada vez se torna más complejo  y gradualmente va tomando características internacionales.
“Las empresas contratantes están exigiendo que a un título académico se lo complemente con otras habilidades como el manejo de las herramientas de inteligencia artificial. Una habilidad necesaria para cualquier área de conocimiento que puede ir desde la venta de productos como hasta el diseño de grandes obras civiles”, puntualizó Molina.
En este contexto Roca hizo notar que actualmente existe un desajuste entre oferta y demanda y eso sigue siendo un problema.
“Hay talento, pero también una brecha importante”, advirtió, a tiempo de agregar que muchos profesionales cuentan con formación académica pero no necesariamente desarrollan habilidades como pensamiento estratégico, enfoque en resultados o capacidad de aportar valor.
“La empresas evalúan tres dimensiones clave: capacidad (conocimientos), actitud (compromiso) y ajuste cultural (valores y forma de trabajo)”, remarcó.
Landívar considera que otro aspecto a tomar en cuenta es que el mercado laboral está siendo modificado por los centennials y por los alfas, que priorizan los emprendimientos personales, antes que la organización empresarial.

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