La tierra está lista, las máquinas esperan, pero la semilla no llega. En los campos algodoneros del oriente boliviano, la campaña 2026 avanza a medio ritmo y con más incertidumbres que certezas. La superficie sembrada de algodón, que el año pasado alcanzó las 4.500 hectáreas, hoy apenas supera las 1.000. Una caída que podría profundizarse hasta en un 70% si no cambian las condiciones del sector.
Guido Vaca Taborga, productor algodonero y dirigente de la Federación de Productores de Algodón (Fedepa), pone las cifras sobre la mesa a la hora de describir la difícil situación del sector.
“Pensábamos llegar a 10.000 hectáreas este año, pero siendo realistas, con suerte vamos a alcanzar las 3.000”, señaló.
La razón, explica, no está en el clima ni en la falta de tecnología, sino en un escenario marcado por la ausencia de incentivos, mercados débiles y escaso acceso a financiamiento para este sector, que fue uno de los pioneros de la agricultura a gran escala en Santa Cruz, pero que ahora tiene una producción casi marginal.
Exportar aparece como una opción, pero hasta ahora sigue siendo una promesa incumplida.
“Recién se abrió el mercado hacia Paraguay, pero no es un consumidor final, sino un intermediario”, explicó Vaca En el caso de Perú, el protocolo sanitario no está concluido, lo que deja al algodón boliviano prácticamente atado al mercado local.
A esta falta de destinos comerciales se suma el retraso en proyectos estatales considerados estratégicos por el sector.
La desmontadora de algodón impulsada durante el Gobierno de Luis Arce en Pailón sigue inconclusa, mientras que un programa estatal no logró, según los productores, los resultados esperados. Para Vaca, el problema fue de gestión. “Faltó coordinación y gente que realmente entienda el cultivo”, afirmó.
Pese al escenario adverso, el productor insiste en que el algodón sigue siendo una alternativa viable frente a otros cultivos que comienzan a resentirse por el estrés hídrico, como la soya. Mira a la región y compara: Brasil y Argentina siembran entre uno y dos millones de hectáreas; Paraguay ya supera las 60.000. “¿Por qué nosotros no podemos llegar al menos a 20.000 hectáreas?”, dijo.
Biotecnología
Pese a este contexto, la investigación en algodón vuelve a tomar protagonismo en Santa Cruz. En el marco del 51 aniversario del Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT), la Gobernación destacó los avances en la evaluación de una nueva variedad de algodón con biotecnología, orientada a mejorar el rendimiento del cultivo y la rentabilidad para los productores.
El secretario de Desarrollo Económico de la Gobernación de Santa Cruz, Pablo Sauto, explicó que actualmente se realizan pruebas de campo cuyos resultados estarán listos en aproximadamente un mes y medio.
“Ya se hicieron las siembras y estamos en etapa de evaluación. Cuando tengamos los datos de rendimiento, estos serán enviados al comité evaluador del Gobierno central para que se analice la certificación y posterior liberación de la semilla”, sostuvo.
Según Sauto, el objetivo es que los productores puedan acceder a una semilla con mejores resultados por hectárea, lo que permitiría reducir costos y mejorar los ingresos en un contexto complicado para el sector algodonero.
Denuncia
Recientemente, la Federación de Productores de Algodón denunció ante la Brigada Parlamentaria de Santa Cruz una presunta malversación de recursos públicos en el programa estatal de apoyo al sector algodonero, ejecutado durante el gobierno del presidente Luis Arce Catacora, cuyo presupuesto asciende a Bs 122 millones.
Representantes del sector señalaron que el programa creado mediante el Decreto Supremo 4632, presenta “graves indicios de ineficiencia, mala gestión y uso irregular de recursos públicos”, siendo la principal obra observada una planta desmotadora de algodón adjudicada por Bs 37 millones que se encuentra paralizada, abandonada y en estado de deterioro.
Según la organización, parte de los recursos del programa habrían sido utilizados para beneficiar de manera selectiva a sectores afines al Gobierno, mediante la entrega de maquinaria y agroquímicos, en desmedro de los productores algodoneros que atraviesan una crisis productiva y financiera sin precedentes.
Como segundo punto, la federación denunció la compra de 20 toneladas de algodón hidrófilo importado desde Brasil por parte de la Caja Nacional de Salud, pese a la impugnación presentada por la empresa nacional Premier Protecs SRL. Según el sector, esta adquisición vulnera la Constitución y la Ley 1257 de fomento a la compra estatal de bienes nacionales.
Entre la crisis y la biotecnología, el futuro del algodón boliviano se juega en las próximas decisiones del Estado.