En un acto inédito realizado en el Hotel Palacio de Sal, en el salar de Uyuni, Potosí, el Gobierno boliviano y la CAF formalizaron dos ejes de inversión estratégica: energía fotovoltaica y desarrollo turístico. El acto central fue la firma de un préstamo soberano de largo plazo por hasta $us 110 millones para financiar la planta solar de Sud Chichas, en Tupiza, con una capacidad instalada de 120 megavatios (MW).
Según la lectura oficial del convenio, el proyecto busca “contribuir a la descarbonización de la matriz de generación eléctrica de Bolivia a través de la reducción del consumo de gas natural”, sustituyendo generación termoeléctrica por fuente solar fotovoltaica. La obra abarcará 110 hectáreas en la comunidad de Hornillos y será ejecutada por ENDE.
El presidente Rodrigo Paz defendió la decisión como parte de una diversificación estructural. “Si algo nos sobra en Bolivia es sol. Sol para la energía”, afirmó, y sostuvo que siete de cada diez focos en el país aún se encienden con gas. “Tenemos que empezar a diversificar nuestra energía”, remarcó.
Por su parte, el titular de la CAF, Sergio Díaz-Granados, señaló que será “la planta solar más grande de Bolivia hasta el momento” y la enmarcó en la estrategia quinquenal acordada con el país, que prevé “un financiamiento mínimo de 3.100 millones de dólares en los próximos cinco años”.
El ejecutivo destacó que Bolivia “está llamada a ser un actor fundamental de la transición energética regional y global” y subrayó que “lo que el mundo necesita, lo tiene Bolivia”, en referencia al potencial solar del occidente del país.
Extensión de convenios turísticos y nueva marca
El segundo bloque de acuerdos estuvo vinculado al turismo. Se suscribió la extensión de plazo al convenio de cooperación técnica para la promoción turística internacional en el marco del programa “200 años, 200 destinos”, orientado a la elaboración de la marca país y al posicionamiento internacional.
Además, en el marco de un memorándum entre la CAF y ONU Turismo firmado en enero en Madrid, se anunció el trabajo conjunto para la elaboración de una Guía de Inversión Turística de Bolivia, con el propósito de atraer inversión extranjera directa en iniciativas sostenibles.
La ministra Cinthia Yañez presentó la nueva marca destino “Salar de Uyuni y Laguna de Colores”, construida —según explicó— mediante “un proceso técnico y participativo” que incluyó diagnóstico actualizado, talleres, validación pública y votación abierta.
“La marca expresa la esencia del territorio, naturaleza extrema, biodiversidad única, cielo infinito y una cultura viva y productiva”, afirmó. Añadió que el programa de dinamización turística, con apoyo financiero de la CAF, contempla infraestructura especializada: un Hotel Boutique Escuela en Tagua y restaurantes turísticos en San Agustín, San Pablo de Lípez y Villazón, con diseños inspirados en la quinua real, los chulpares y la tradición cerámica del sur potosino.
En este ámbito, la CAF aprobó también una cooperación técnica no reembolsable de hasta $us 70.000 para apoyar la definición del modelo de gestión de estas infraestructuras.
Díaz-Granados sostuvo que “tenemos que hacer promoción” y adelantó la intención de traer una misión de turoperadores internacionales —un travel mart— para posicionar el destino en América Latina, el Caribe y Europa. “La marca hay que acompañarla con venta”, puntualizó.
Condiciones políticas y desafíos
Más allá de los anuncios, el presidente Paz advirtió que la viabilidad de los proyectos dependerá de acuerdos políticos. “Para aprobar esta planta fotovoltaica hay que hacer acuerdos con cruceños, con pandinos, con benianos, con tarijeños (...)”, señaló, al recordar que los créditos requieren aval legislativo.
El mandatario también cuestionó la falta de aprovechamiento histórico de recursos como el gas y el litio, y sostuvo que el turismo puede convertirse en un motor equiparable en generación de divisas si se consolida con políticas claras y estabilidad.
Con la firma de estos convenios, el Ejecutivo busca articular energía renovable y turismo como ejes complementarios para Potosí: uno orientado a la seguridad energética y potencial exportación futura, y el otro a la generación inmediata de divisas y empleo local. El reto, coincidieron los discursos, será convertir los acuerdos en ejecución sostenida y consensuada.