La prolongada temporada de lluvias en Bolivia ha vuelto a poner en evidencia la fragilidad de la red vial fundamental. Derrumbes, hundimientos y pérdida de plataforma afectan tramos estratégicos del país, donde la maquinaria pesada trabaja para restablecer la transitabilidad. Sin embargo, el factor climático no es la única explicación: resurgen cuestionamientos sobre la calidad de varias obras ejecutadas en la última década.
Uno de los casos más emblemáticos es el tramo El Sillar, en la carretera nueva Cochabamba–Santa Cruz, una vía clave para la conexión entre oriente y occidente. A pesar de haber sido habilitada para la circulación vehicular, la carretera presenta problemas estructurales que la convierten en un punto crítico.
Epoca de lluvias
Las intensas precipitaciones han provocado derrumbes en distintos puntos del país. En el sector de Siete Curvas, por ejemplo, la caída de material obligó a la intervención de emergencia de la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC), que desplegó maquinaria pesada para despejar la vía y restablecer el tránsito.
Un fuerte deslizamiento dejó al borde del colapso la carretera Toro Toro–Cochabamba, volviendo intransitable un tramo recién asfaltado. Comunarios alertan riesgo de quedar aislados ante el deterioro de una obra que debía mejorar la conexión en la zona.
Situaciones similares se registran en la transversal Juana Azurduy, en Chuquisaca, donde se reportaron deslizamientos, pérdida de plataforma y daños estructurales en puentes, incluso con desplazamientos en vigas por la crecida de ríos.
A estos eventos se suman derrumbes en el tramo El Salto–Monteagudo y afectaciones en caminos del Chapare, donde la saturación de suelos ha generado inestabilidad constante en taludes. En varias zonas, incluso se reportaron mazamorras que interrumpieron el paso y obligaron a desvíos improvisados.
En este contexto, viajar por carretera se ha convertido en una incertidumbre constante, donde los bloqueos naturales pueden surgir sin previo aviso y los tiempos de traslado se vuelven impredecibles.
El caso El Sillar
Más allá del impacto de las lluvias, el informe de la Procuraduría General del Estado revela un problema estructural. En el caso de El Sillar, se identificaron 719 fallas técnicas, que van desde hundimientos de la plataforma hasta grietas en la carpeta asfáltica.
“El tramo presenta problemas que están inviabilizando el tránsito continuo entre oriente y occidente”, advirtió el procurador.
El dato más crítico es el impacto económico: el proyecto supera los $us 426 millones y ya fue pagado en un 99,8%, pese a las observaciones detectadas.
Advertencias y antecedentes
Los problemas en El Sillar no son recientes. Desde su entrega provisional en 2023, el tramo ha presentado fallas recurrentes. Inspecciones realizadas en 2025 ya habían identificado deformaciones y sectores inestables sin soluciones definitivas.
En términos estructurales, especialistas advierten que estas fallas no responden solo a lluvias intensas, sino a deficiencias en diseño, drenaje y estabilización de taludes, factores críticos en zonas de alta pluviosidad. La modificación del diseño original durante la ejecución también aparece como un elemento determinante en la pérdida de estabilidad de la obra.