La reciente mejora de la calificación soberana de Bolivia otorgada por Fitch Ratings, que elevó la nota de CCC- a CCC, representa una señal positiva en el corto plazo, pero no implica una transformación estructural de la economía, según el analista financiero Marcelo Rocha. A su juicio, el ajuste refleja que el país logró reducir el riesgo inmediato de incumplimiento, aunque sigue inmerso en un escenario de alta vulnerabilidad.
Rocha explicó que la decisión de Fitch reconoce que, pese a un entorno macroeconómico adverso y a una marcada restricción de liquidez externa, el Estado boliviano ha mostrado capacidad para atender el servicio de su deuda y evitar episodios de estrés financiero agudo. En ese marco, subrayó que la calificadora valora que el Gobierno haya administrado de forma “eficaz y contingente la escasez de divisas durante finales de 2025”, un factor clave para sostener la estabilidad en el corto plazo.
El viernes, Fitch Ratings anunció el ajuste al alza de la nota soberana y destacó que Bolivia logró contener presiones financieras inmediatas, lo que fue interpretado como un respaldo parcial a la gestión reciente de la deuda y de la liquidez. El informe, difundido anoche, remarca que la mejora no implica una salida del terreno especulativo, pero sí una reducción del riesgo de incumplimiento en el horizonte más próximo.
Para Rocha, el mensaje de fondo de la calificadora es claro: “este movimiento refleja una estabilización frágil, basada más en capacidad operativa inmediata que en una mejora estructural de los fundamentos económicos”. En ese sentido, advierte que la subida de un escalón no modifica el perfil de riesgo de largo plazo del país.
Desde una mirada estructural, el experto sostiene que persisten desequilibrios relevantes en los frentes fiscal, externo y productivo. “La economía boliviana continúa con niveles de reservas internacionales limitados, elevada dependencia de ingresos públicos volátiles y restricciones a la inversión privada”, factores que mantienen elevada la exposición a shocks internos y externos.
En esa línea, Rocha plantea que la mejora de la calificación “puede y quizá deba interpretarse como una ganancia de tiempo, no como una solución” a los problemas macroeconómicos de fondo. El riesgo soberano sigue siendo alto y la estabilidad futura, enfatiza, dependerá de la aplicación de ajustes macroeconómicos y reformas que fortalezcan la sostenibilidad fiscal, la generación de divisas y el crecimiento de mediano plazo, un proceso que, remarca, “debe impulsarse fundamentalmente desde el Legislativo”.