Alerta para los deportistas cruceños. El caso del menor de edad de 15 años que acabó en terapia intensiva luego de participar en una pelea clandestina en un gimnasio de Santa Cruz reveló el peligro al que están expuestos jóvenes que buscan practicar disciplinas de contacto en manos de personas inescrupulosas que los usan para apuestas.
Lo ocurrido a finales del mes de enero de este año en un gimnasio no puede llamarse un sparring, más bien se adapta a una actividad ilegal, según la explicación de Ervin Chávez, presidente de la Asociación Departamental de Boxeo de Santa Cruz.
El dirigente reveló que ni el establecimiento ni el entrenador implicados en el hecho estaban registrados en la asociación, por ello no se pudo determinar si el lugar era adecuado para impartir clases.
Otra observación de Chávez, una de las más graves en este caso, es la diferencia de edad que había entre las dos personas que participaron en el combate clandestino.
Además, hizo notar que el peso de los peleadores era desigual, por lo que la actividad ya vulneraba las reglas básicas del pugilato.
“Esas son peleas clandestinas, no se puede llamar sparring donde ya corre dinero”, indicó Chávez.
La tía del menor de edad denunció públicamente que en el gimnasio, hoy precintado bajo investigación por la Policía, se hacían apuestas y que a su sobrino lo llevó el supuesto instructor para un combate con el otro contrincante mucho mayor. Esa situación vulneró el protocolo de salud del boxeo.
“Se violó todo protocolo de salud en esto. Para empezar, cuando se realiza un sparring, que son peleas de práctica, siempre tiene que haber un personal de salud, un médico, que es el encargado de evaluar hasta dónde un atleta puede rendir en estas situaciones”, explicó Lorgio Moreno, médico de la Asociación de Boxeo.
Entrenadores de esta disciplina deportiva coincidieron en que primero se debe cuidar la integridad física de los atletas que se tienen a cargo, a partir de una capacitación técnica por personal especializado en esta área, por ello recomendaron a los padres de familia a controlar las actividades que hacen sus hijos para que no expongan su integridad.