Una vez más, Oriente Petrolero y Blooming disputaron el clásico cruceño no solo dentro del campo de juego, sino también en las tribunas. El duelo se vivió con una intensidad especial, marcada por un folclore que distingue a Santa Cruz y convierte cada clásico en una verdadera fiesta popular.
Desde horas antes del inicio del partido, el ambiente en los alrededores del estadio ya anticipaba una jornada distinta. Cánticos, banderas, camisetas y caravanas fueron calentando la previa, con miles de hinchas listos para copar las gradas y alentar sin descanso.
Las barras bravas de ambos clubes tuvieron un partido aparte. Los Chiflados, por el lado de Blooming, y Los de Siempre, en representación de Oriente Petrolero, desplegaron un repertorio inagotable de cánticos y coreografías que acompañaron al equipo durante todo el encuentro.
El aliento no cesó ni en los momentos más tensos del partido. Cada jugada fue celebrada, reclamada o sufrida desde las tribunas, reflejando el fuerte sentido de pertenencia que caracteriza a ambas hinchadas y su rol protagónico en este tipo de encuentros.
Más allá del resultado, el clásico dejó en claro que la pasión del hincha sigue siendo un pilar fundamental del espectáculo. El colorido y la entrega en las gradas aportaron un marco inmejorable a una nueva edición del duelo más esperado del fútbol cruceño.
Así, el hincha volvió a aprobar con nota alta en el clásico cruceño, reafirmando que en Santa Cruz el fútbol se vive con el corazón, y que el verdadero partido también se juega —y se gana— desde las tribunas.