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Por qué Libia corre el peligro de convertirse en una nueva Siria

Martes, 02 de junio de 2020 a las 21:39
Las fuerzas del general Jalifa Haftar han sido derrotadas desde Trípoli, pero eso no significa que la paz esté cerca. El editor de Medio Oriente de la BBC, Jeremy Bowen, analiza por qué en Libia el futuro se ve sombrío.
AFP
El conflicto ha negado a los libios el acceso a una vida digna, a pesar de que el país es rico en petróleo y gas.

Libia parece estar cerrando un capítulo sombrío, pero no hay garantías de que el próximo vaya a ser mucho mejor para un país destrozado por la guerra civil y por la intervención extranjera desde la espeluznante muerte del coronel Muamar Gadafi en 2011.

Desde el año pasado, el coronel Jalifa Haftar, el hombre fuerte del este de Libia, ha estado tratando de hacerse con el control de la capital, Trípoli, en el extremo oeste del vasto país.

La intervención de Turquía en apoyo del gobierno de Trípoli, reconocido por Naciones Unidas, parece haber sido decisiva. Los hombres del general Haftar, junto con una fuerza de varios miles de mercenarios rusos, están de retirada.

Pero eso no significa que los civiles libios puedan esperar la paz que tanto anhelan. De nuevo, ellos son los principales perdedores de la guerra.

Su país, rico en petróleo y gas, debería poder garantizarles derechos que ahora solo pueden soñar: educación, asistencia sanitaria y un nivel de vida digno. No tienen ninguno de ellos, ni siquiera seguridad.

Los libios que no han perdido sus casas han estado confinados en ellas para prevenir la propagación del covid-19, con la esperanza de no ser también el blanco de artillería, drones o aviones de guerra.

La guerra ha destrozado la mayoría de las clínicas y hospitales en Libia.

Y cerca de 200.000 civiles en el oeste de Libia ya han sido desplazados de sus hogares, según Hanan Saleh, de la organización Human Rights Watch.

Un futuro que alguna vez pareció brillante

En un reciente seminario en línea organizado por el think-tank Chatham House, Saleh dijo que hay que considerar a Libia hoy día como una zona libre de responsabilidad y, desafortunadamente, ha sido así desde 2011.

Todas las partes involucradas en la guerra han sido negligentes en el trato ofrecido a los civiles, aunque hay más abusos documentados cometidos por el lado del general Haftar, dijo, y que podrían ser considerados crímenes de guerra.

AFP
Los combatientes leales al gobierno respaldado por la ONU han hecho retroceder a las fuerzas del general Haftar recientemente.

Cuesta creerlo ahora, pero cuando el coronel Gadafi fuera derrocado, parecía que Libia iba a tener un futuro decente.

En 2011 caminé con el embajador británico por las ruinas de su embajada en Trípoli; había sido atacada e incendiada por una muchedumbre después de que la OTAN comenzara a bombardear las fuerzas del régimen de Gadafi.

Junto a la estructura carbonizada de lo que había sido una mesa de billar de la década de 1920, hablamos del orgullo con el que los libios recordaban su revolución, la suerte de no esatr marcados por las diferencias sectarias como Siria o Irak, y sobreel petróleo y el gas, su tesoro bajo el vasto desierto de Libia.

Tal vez incluso el turismo podría haber sido posible. Libia tiene 2.000 kilómetros de playas mediterráneas y sitios arqueológicos romanos que nada tienen que envidiar a Italia.

Pero Libia se descompuso, y en casi una década desde aquella conversación ha seguido fragmentándose.

Las milicias que asumieron el régimen de Gadafi nunca se disolvieron y desarrollaron el gusto por el poder.

Una vez que el coronel, sus hijos y los amigos de la familia desaparecieron, no quedó nada que se parezca a unEstado funcional.

Quienes accedieron a los cargos importantes descubrieron que, si había alguna palanca del gobierno de la que tirar, estaba fuera de su alcance.

Los libios que se veían a sí mismos como revolucionarios no estaban de humor para pedir ayuda a los países poderosos que habían proporcionado armas y, lo que es más importante, una fuerza aérea para ayudarlos a ganar.

A su vez, los intrusos se sintieron aliviados de poder alejarse, declarando que el trabajo estaba bien hecho. Eliminar a Gadafi era una cosa. Ayudar a construir un país era algo muy diferente.

AFP
Los habitantes de Libia solo pueden soñar ahora con sus derechos básicos.

Lo que quedaba de Libia no tardó en hacerse añicos. Las ciudades más grandes se convirtieron en ciudades-estado.

Las milicias tenían sus propias agendas y no soltaban sus armas.

Una serie de diplomáticos, en su mayoría bajo los auspicios de Naciones Unidas, intentaron, sin éxito, promover el diálogo y la reconciliación.

Potencias extranjeras en busca de un premio

Para 2014, el general Haftar había emergido como el hombre fuerte de un territorio fracturado, expulsando a los islamistas radicales de Bengasi, la segunda ciudad de Libia y la capital del este de Libia.

Era muy conocido en Libia por haberse peleado con Gadafi.

Había pasado años planeando su caídadesde el exilio, desde una nueva base en Langley, Virginia, la ciudad estadounidense que también es la sede de la CIA.

En Libia, ya hecha pedazos, se encontraron así dos gobiernos rivales.

El general Haftar controlaba el este desde Bengasi y se propuso unificar el país marchando hacia el oeste para atacar Trípoli, la capital, con el objetivo de desbancar al Gobierno de Acuerdo Nacional, reconocido internacionalmente y dirigido por Fayez al Sarraj.


¿Quién controla Libia?

AFP
El primer ministro de Libia, respaldado por la ONU, Fayez al-Sarraj (izda) y el General Jalifa Haftar (dcha).

Apoyan al primer ministro Fayez alSarraj:

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