El Alto eligió alcalde, pero no resolvió su fragmentación. Con apenas el 17,88% de los votos, según datos preliminares del Sirepre, Eliser Roca se impone en una de las elecciones más dispersas de su historia reciente, en una ciudad donde el voto ya no se concentra y el desencanto parece pesar más que las lealtades.
El resultado no solo define un ganador, también revela un clima político erosionado tras la gestión de Eva Copa. Ninguna candidatura logró capitalizar una mayoría sólida. Roca avanza, pero lo hace sobre una base estrecha, suficiente para ganar, insuficiente para gobernar con comodidad.
La escena previa a la elección estuvo marcada por la incertidumbre. Su candidatura pendió de un hilo hasta horas antes de la votación, cuando fue rehabilitado tras un intento de inhabilitación que tensó el proceso. Ese episodio, lejos de debilitarlo, terminó por convertirse en parte de su narrativa política. “El día que supuestamente nos han inhabilitado, yo ya sabía que íbamos a ganar”, afirmó tras conocer los resultados , en un discurso cargado de épica y confrontación.
Roca llega desde una estructura política vinculada al actual gobernador de La Paz, Santos Quispe, a quien no dudó en reconocer públicamente. “Si hoy soy alcalde… es gracias al hermano Santos”, dijo ante sus seguidores , dejando en claro una relación política que también proyecta su alineamiento futuro.
Su perfil combina una trayectoria técnica y política aún en consolidación, con presencia en estructuras regionales que le permitieron escalar en un escenario altamente competitivo. Sin embargo, su victoria no se explica por arrastre, sino por dispersión: en El Alto nadie ganó con contundencia, todos perdieron algo.
El desafío inmediato será político antes que administrativo. Con un respaldo electoral limitado y un Concejo que se perfila igual de fragmentado, Roca deberá construir gobernabilidad desde la negociación constante, en una ciudad donde la calle suele pesar tanto como las instituciones.
En su discurso, el tono ya anticipa ese escenario. Habla de resistencia, de haber enfrentado “una mano negra” y de una victoria que interpreta como reivindicación. Pero la legitimidad en El Alto, no se mide solo en votos. Se construye en la gestión, en la calle y en la capacidad de responder a una ciudadanía que, esta vez, votó sin entusiasmo.
Roca ganó. Ahora le toca demostrar que ese 17,88% puede convertirse en algo más que un resultado.