Bolivia vuelve a votar hoy, 22 de marzo, apenas cinco meses después de las elecciones generales, pero lo hace en un escenario mucho más fragmentado, desafiante y simbólico. Los comicios subnacionales de 2026 no solo pondrán en juego el poder regional y municipal de los próximos cinco años, sino que marcarán la primera gran medición territorial del nuevo mapa político surgido tras la derrota del Movimiento al Socialismo (MAS), fuerza que gobernó casi dos décadas y que hoy llega disminuida, dividida y obligada a competir en un terreno que ya no controla.
El país elegirá a sus autoridades departamentales, municipales y, en el caso de Tarija, también regionales, en lo que el propio Órgano Electoral define como el proceso más complejo de la historia democrática reciente. La magnitud se explica en cifras: más de 7,4 millones de ciudadanos están habilitados para votar; más de 18.200 candidatos se inscribieron; participan más de 14 partidos y 29 alianzas; y se disputan más de 5.000 cargos entre titulares y suplentes en las nueve gobernaciones y los 339 municipios del país.
El operativo también revela la dimensión del desafío. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) y los tribunales departamentales administrarán hoy 33.439 mesas de sufragio y garantizarán el escrutinio de actas tanto en grandes ciudades como en recintos alejados, algunos accesibles solo por bote o afectados por recientes inundaciones.
Para ello se moviliza un “ejército” electoral de más de 250.000 personas entre funcionarios, jurados, técnicos, notarios, policías, militares y fiscales. “Son horas difíciles”, admitió el presidente del TSE, Gustavo Ávila, al describir la recta final del proceso. El organismo concentra sus esfuerzos en la logística, el ajuste del Sistema de Resultados Preliminares (Sirepre) —que prevé emitir datos desde las 21:00— y el resguardo del material electoral hasta los centros de cómputo.
Para el vocal Carlos Alberto Goitia, la complejidad radica en que no se trata de una elección uniforme, sino de un sistema con múltiples papeletas y decisiones diferenciadas según cada departamento. El exvocal Francisco Vargas va más allá: en los hechos, el país vivirá “tres elecciones distintas”: la departamental, la municipal y la regional del Chaco, además de procesos por democracia comunitaria en pueblos indígenas.
Esa complejidad se traslada al votante. En la mayoría del país, cada ciudadano recibirá dos papeletas: una para elegir gobernador y asambleístas, y otra para alcalde y concejales. En total, cinco decisiones en una sola jornada. En Tarija, además, habrá una tercera papeleta para autoridades regionales. El sistema permite voto lineal o cruzado, lo que anticipa resultados fragmentados, alcaldes sin mayoría en sus concejos y gobernaciones obligadas a negociar.
Pero el desafío no es solo técnico. También es político. Estas subnacionales llegan tras un cambio de ciclo. El MAS, desplazado del poder nacional en 2025 y reducido a una mínima representación parlamentaria (3,16%), encara la elección sin su antigua maquinaria hegemónica y con menor capacidad de articulación territorial.
Ese reacomodo se refleja en las candidaturas. Leonardo Loza busca la Gobernación de Cochabamba; César Dockweiler compite por la Alcaldía de La Paz desde su propia agrupación; y Carlos Subirana aspira a la Alcaldía de Santa Cruz como seguidor de Evo Morales. A ellos se suman dirigentes evistas y arcistas dispersos en distintas listas, en una disputa donde ya no existe una fuerza dominante.
El oficialismo tampoco llega cohesionado. El Partido Demócrata Cristiano (PDC), que llevó al poder a Rodrigo Paz, compite fragmentado. Paz impulsa la alianza Patria junto a aliados como Samuel Doria Medina, Luis Revilla y el MIR. La elección no enfrenta dos bloques definidos, sino una constelación de liderazgos regionales y organizaciones locales.
En ese contexto, el presidente Rodrigo Paz buscó dar un sentido político más amplio a la jornada. En un mensaje difundido el jueves, pidió votar de forma libre e informada y aseguró que su gobierno trabajará con las autoridades electas sin importar su color político. También subrayó la ruptura con el pasado: “Nunca en la historia reciente hubo tantos candidatos porque no hay miedo”, afirmó.
Más allá del tono presidencial, el dato es contundente: la oferta electoral se multiplicó. Hay municipios con hasta 18 candidatos a alcalde, mientras que en otros compiten apenas dos. Se imprimieron cerca de 500 formatos distintos de papeletas para adecuarse a cada territorio.
En total, se renovarán 594 autoridades departamentales y 4.433 municipales. Termina un ciclo y comienza otro.
Vargas advierte que, en este tipo de elección, cada voto cuenta. A diferencia de una elección nacional, aquí un alcalde puede ganar por un solo voto. De ahí la preocupación por las lluvias, las zonas inundadas y la llegada oportuna del material electoral. También la insistencia del TSE en la capacitación de jurados.
Hasta mediados de semana persistía un rezago en este proceso. Son más de 200.000 ciudadanos sorteados para instalar las mesas. Sin ellos, no hay votación; y sin mesas abiertas a tiempo, se retrasa todo el proceso.
La meta del TSE es que el Sirepre comience a mostrar datos desde las 21:00, aunque dependerá del flujo de actas. El cómputo oficial puede extenderse por norma hasta siete días, aunque se apunta a concluirlo en 72 horas.
Así, Bolivia llega a una cita decisiva. Este domingo no solo se elegirá a alcaldes, gobernadores, concejales y asambleístas. También se medirá la fuerza real de los nuevos bloques, la capacidad de supervivencia del MAS, el alcance territorial del proyecto de Rodrigo Paz y el peso de los liderazgos heredados.
Son unas elecciones subnacionales de altísima complejidad técnica y enorme trascendencia política. Por la magnitud de la elección y por lo que está en juego: el nuevo equilibrio de poder en un país que dejó atrás la hegemonía de un solo partido. Bolivia no solo vota autoridades locales. Vota, en el territorio, la forma de su transición política.
Subnacionales, elección crucial porque define el poder local
Francisco Vargas | Exvocal del TSE
Bolivia cerrará un largo ciclo electoral que comenzó con las elecciones nacionales y culminará hoy con las subnacionales. Pero lejos de ser un trámite menor, esta cita con las urnas es, en muchos sentidos, la más compleja y decisiva para la vida cotidiana de millones de ciudadanos bolivianos.
El proceso ha sido exigente. No solo por el cumplimiento de más de 60 actividades del calendario electoral, sino también porque las autoridades encargadas asumieron en plena transición, lo que añade mérito al esfuerzo institucional. A ello se suma una campaña intensa, marcada por impugnaciones, inhabilitaciones y tensiones legales que evidencian la urgencia de una reforma al régimen electoral.
Sin embargo, el verdadero desafío está en la naturaleza misma de estas elecciones. A diferencia de las nacionales, el votante no emite un solo sufragio, sino varios.
En el ámbito departamental se elige gobernador y asambleístas —por territorio y por población—, mientras que en el nivel municipal se vota por alcalde y concejales. En total, cinco decisiones en una sola jornada. Esa multiplicidad no es menor. Implica comprender papeletas distintas, franjas diferenciadas y sistemas de asignación proporcional que definirán no solo quién gobierna, sino cómo se equilibra el poder. El voto cruzado, por ejemplo, puede derivar en alcaldes sin mayoría en sus concejos, obligando a una gobernabilidad basada en acuerdos.
Las subnacionales no solo cierran un ciclo electoral. Definen el poder territorial, la gestión local y, en muchos casos, el rumbo inmediato de la política nacional. Por eso, más que complejas, son cruciales. Y, pese a todo, hay una constante que sostiene el proceso: la vocación democrática del ciudadano boliviano que participa.