Uno de los ingredientes más comunes en las recetas latinas son los frijoles, en cualquiera de sus formas de preparación y color: negro, rojo o blanco. Esta semilla es conocida en otras partes del mundo como judías, habichuelas, porotos y alubias, entre otros. Los frijoles pertenecen a la familia de las legumbres y son una buena fuente de proteína, hierro vegetal, fibra, ácido fólico, tiamina, magnesio, potasio y zinc. Los nutrientes de las legumbres son similares a los de la carne, pero con menores niveles de hierro y sin grasas animales.
Todos estos componentes los convierten en un excelente sustituto de la carne y de los productos lácteos, es por eso que son muy usados en recetas veganas y/o vegetarianas. Los frijoles, así como otros granos, como los garbanzos o las lentejas son ricos de sabor, además de que pueden adaptarse a cualquier preparación. El problema con ellos viene después del consumo, pues suelen causar flatulencias o hinchazón abdominal, algo incómodo para cualquiera.
La nutricionista Tatiana Zanin comparte una serie de estrategias para evitar esos molestos síntomas sin sacrificar el consumo de las legumbres y así, contar con los nutrientes que aportan al organismo.