Cada una de estas catrinas cuenta una historia distinta: la del México que trabaja, crea y sueña, que va desde la Tortillera que amasa la herencia del maíz, hasta el Organillero que con su música llena las calles de nostalgia, cada escultura representa un oficio tradicional, esos que el tiempo intenta borrar, pero que Atlixco rescata con orgullo.