La presentadora de televisión, Elibeth López, abre su corazón y cuenta algo que nunca antes se atrevió a revelar. No porque no lo supiera, sino porque dolía demasiado decirlo en voz alta. “Pero después de tanto sanar, después de caer y levantarme una y otra vez, entendí que mi historia puede ser el impulso que alguien más necesita para no rendirse”, confesó.
Ella afirma que, por fuera, muchos la veían como una mujer fuerte, con presencia en televisión, segura y sonriente. Pero por dentro estaba sobreviviendo. “Mi mundo comenzó a romperse cuando me divorcié. Fue una etapa donde perdí no solo una relación, sino una parte profunda de mí. Lo que creí que era para siempre se desmoronó. Y cuando apenas intentaba levantarme de ese dolor, la vida me enfrentó a otra pérdida desgarradora: la muerte de mi mamá”. Afirma que no tuvo tiempo de sanar esa herida cuando, en menos de lo que imaginó, también se fue su papá. En poco tiempo ya no tenía a ninguno de los dos, y se sintió sola, desnuda emocionalmente, como si el mundo le estuviera arrancando todo lo que amaba. “Pero lo más duro aún no había llegado. Y esto nunca lo había dicho en voz alta: perdí a mi bebé, a mi hijo Lucas”. Abre su corazón y afirma que esa herida atravesó su alma. “Sentí rabia y amargura. Odié la vida, a Dios, y a mí misma. Fue una oscuridad tan profunda que no sabía si alguna vez saldría de ella. Y aunque afuera me veían seguir adelante, por dentro yo ya no estaba”. Hasta que un día, en medio de ese vacío, ella tomó una decisión radical: “Te das un año. Solo uno. Para reconstruirte. Para sanarte. Para encontrarte.” Fue así que comenzó su verdadero renacer. “No fue fácil ni hubo luz todos los días, pero el deseo de volver a vivir con sentido fue más fuerte que todo lo que me rompió”, afirmó. Sin darse cuenta, empezó a compartir su proceso en redes sociales. Poco a poco, personas que atravesaban su propio dolor comenzaron a acercarse. Fue así, de forma orgánica y sincera, que nació DAV: Despierta. Acepta. Vive., una comunidad de alto valor. DAV no es un grupo más, es un espacio real, humano y sin filtros. Un lugar para quienes están listos para hacer el trabajo interno y saben que transformar el dolor no es rápido ni fácil, pero que con guía, herramientas y compañía sí es posible. Elibeth es un ejemplo claro de resiliencia y fuerza. Demuestra que, aunque la vida nos derribe, siempre se puede sanar, levantarse y seguir adelante con más valor y esperanza.