Fue anoche. Romy Paz comió cerdo. Se abrazó con sus padres Glover Paz y Carmen Arteaga, su hermano menor Rodrigo y su novio Sebastián Gonzales. Así despidieron el año viejo. Antes, la reina del Carnaval respondió a todo.
Los sucesos
Fue un año distinto. Eso lo sabe su majestad. La Chiquitania sufrió un gran incendio y los bolivianos se hicieron escuchar en las calles. La presentación de Romy como reina de la fiesta grande de los cruceños fue suspendida precisamente por el caos suscitado en la selva. No lo niega. Ella se entristeció, pero entendió que los problemas del país estaban por encima de la diversión.
Ahora la soberana de los Chirapas Jrs. promete entregar todo en un Carnaval que ella llama ‘condensado’, precisamente porque el tiempo se achicó y las cuatro precarnavaleras ya están a la vuelta de la esquina. Las fechas programadas para estas previas son: 18 y 25 de enero, 1 y 8 de febrero. La coronación será el sábado 15 y el gran corso, el sábado 22.
“Todo será intenso. Lastimosamente hay menos tiempo, pero no quiero pensar en eso. Quiero pensar en que ya podré compartir con la gente”, dice la joven, de 27 años. Estos días la reina tiene más buenas noticias: acaba de pagar su propio lote y en dos años piensa construir su casa. No tiene apuro. Quizá se case a sus 30. Y “obviamente” lo hará con Sebastián, el hombre que la acompaña desde hace nueve años.
El reinado
Va de frente. Cree que el Carnaval es una plataforma para “expresar” una forma de pensar sobre algo político, económico, cultural y social. Eso no tiene nada de malo. “Las pititas son un valor de los bolivianos. En el Carnaval asumiré la bandera de la unión”, añade.
No le interesa ser la mejor reina de la historia cruceña. Al menos “eso” no lo debería decir ella. Lo único que espera es “dejar todo”. “Nunca he estado en competencia con nadie. Solo quiero disfrutar mi momento”, encierra.
Está abierta a recibir todas las críticas. “La gente me dice que a veces soy exagerada en mis gestos o que soy muy aniñada o ‘inocente’, pero soy exagerada porque es parte de mi naturaleza. No es algo que me interese cambiar, porque esa soy yo. Escucho y aprendo mucho de lo que me dicen. Hay cosas que son mías y no pienso cambiarlas. No soy de calcular eso. Tengo dos decibeles más, pero así soy yo”, explica.
Sabe que tendrá que partirse en mil pedazos. Promete llegar a todas las citas carnavaleras. El año pasado demostró que está llena de una energía que, al parecer, es inagotable. Está ansiosa y nerviosa por el torbellino de compromisos. Está lista para sumergirse en él. Lo hará otra vez: brincando.