Chulumani vive el miedo y la incertidumbre en cada una de las esquinas de sus estrechas calles. La localidad, situada en Yungas de La Paz, está bajo resguardo policial y sin la presencia de sus autoridades. La campaña electoral -para cualquier partido político- es casi una tarea imposible por la apatía y la molestia de la población. El conflicto cocalero logró que los dirigentes de esa zona se declaren en la clandestinidad y que los actos proselitistas sean interrumpidos y mal vistos por los ciudadanos.
Jaime Mendoza se sienta en la acera de la calle Eloy Salmón, de Chulumani. Espera una movilidad para ir a su comunidad, que se llama Ocobaya. Jaime es cocalero afroboliviano y mientras aguarda el transporte que lo lleve a su localidad mira a los policías que resguardan el ingreso a la cuadra donde está el edificio municipal de Chulumani. Son 100 uniformados que están vigilando la edificación. El poblado yungueño sufrió ataques la semana pasada cuando el Movimiento Al Socialismo (MAS) intentó inaugurar su campaña, pero la dirigencia cocalera y pobladores de la zona no lo permitieron. Hubo agresiones de ambos bandos e intentos de incendio a domicilios y negocios.
César Apaza es el ejecutivo de la federación cocalera de Chulumani. Está en la clandestinidad y denuncia que a la zona llegaron policías de civil que supuestamente están persiguiendo a los dirigentes. Además, el sindicalista, contrario al MAS, dice que el alcalde de Chulumani, Vladimir Vega, amenazó a varios cocaleros.
“Nosotros hemos salido del sector, estamos resguardando nuestra seguridad porque ya no podemos confiar en la justicia. Sí hay compañeros que están en Chulumani, pero los dirigentes no estamos en el sector porque hay como 250 policías desplegados y policías vestidos de civiles para ir a capturar a los dirigentes”, remarca Apaza, que es acusado de causar los disturbios del 18 de septiembre.
El alcalde Vega es militante del MAS. El día de los hechos instaló un escenario en la plaza central de Chulumani y decoró el lugar con los colores del oficialismo. Poco duró el acto que daba inicio a la campaña masista, ya que dirigentes cocaleros y algunos pobladores lo evitaron. Hubo quema de sillas y parte del escenario, pero, además, incendiaron la puerta del negocio del burgomaestre y también atacaron su domicilio.
Vega Morales no está ejerciendo su labor en Chulumani. Esta semana estuvo en comunidades mientras se normaliza la situación en la zona. El alcalde tiene el antecedente de agredir en estado de ebriedad a una mujer que vendía comida en la plaza central del municipio yungueño.
Sara Meneses tiene su tienda de abarrotes cerca de la plaza. Pregunta a todos los “extraños” que llegan a Chulumani por su visita. Tiene miedo que policías de civil arresten a pobladores. Además, Sara está preocupada porque el turismo se cae de a poco. “Los políticos tienen sus problemas y nos arrastran a nosotros a la desgracia Eso no es justo”, dice Meneses.