Pascual Yarita Urugo, de 59 años de edad y poblador de Urubichá, estuvo perdido durante seis días en el monte, zona La Chonta, a unos 60 kilómetros de Ascensión de Guarayos, departamento de Santa Cruz.
Después de haber caminado varios kilómetros, de día y de noche, con frío y viento extremo, finalmente logró salir hasta un campamento maderero completamente debilitado, deshidratado y con llagas en los pies.
Luego fue trasladado de emergencia a un centro médico y posteriormente a su vivienda ubicada en el barrio Virgen de Cotoca, de su natal Urubichá, donde ahora recibe la atención de su numerosa familia.
Desde su cama de recuperación y con la colaboración de su hija Fermina Yarita, el sobreviviente atendió a El DEBER.
¿Qué pasó el día de su extravío? Contó que el sábado de la semana pasada, junto a otros tres hombres, salió a "sendear (hacer senda para el ingreso de la maquinaria que abrirá el camino con el objetivo de trasladar madera). En la segunda jornada de trabajo, Pascual se apartó un poco de sus compañeros y se perdió. Grité y grité, caminé y caminé, y nada; más bien parecía que me iba alejando más, dijo. “Cuando llegó la noche, por suerte llevaba machete y fuego, me apegué a un árbol, junté fuego para calentarme del frío infernal, también para alumbrarme y al mismo tiempo para espantar al tigre (jaguar) y al karuguar (diablo)”, relató. Al día siguiente, desde muy temprano, volvió a “caminar y caminar” completamente desorientado, aunque a veces encontraba, según su versión, viejos caminos de cazadores o madereros que, “de un momento a otro, se acababan”. Agregó que durante los siguientes días continuó caminando “rezando a Dios y a la virgen, y juntando fuego” para descansar y dormir. Agua y alimentos Dijo que saciaba su sed con agua de bejuco y su hambre con algunas frutas silvestres que encontraba, como “marayaú, bí, platanillo de monte y otros”. Hombres de monte y criados en el monte, sabemos todos los secretos que nos brinda Dios, a través de la madre tierra”, afirmó Pascual, al considerarse como un “hombre profundamente católico”. El quinto día de su extravío, llegó a una poza, donde tomó abundante agua y lavó sus pies que estaban con muchas llagas. Pero, como muchos guarayos, también llevaba anzuelo en su mochila, por lo que se puso a pescar logrando sacar tres medianos “bentones”, que inmediatamente los puso a asar, siendo todos sus desayunos, almuerzos y cenas atrasadas. Al siguiente día, la última jornada de su odisea en las selvas guarayas, volvió a caminar hasta que casi al final de la tarde, salió al referido campamento maderero, donde fue auxiliado.