De día venden pan en un mercado de la zona Virgen de Luján. De noche participan en actividades culturales y también tocan juntos en la calle.
Rider y Sofía Pereira son padre e hija. Él es panadero y músico, ella estudiante escolar y guitarrista desde sus tres años.
Desde que vio a su padre ensayar, Sofía insistió en que le enseñe los secretos de la guitarra, y tanta fue su persistencia que hasta le compraron un instrumento diminuto, acorde a su edad.
Desde entonces la niña, que hoy tiene ocho años, no se detuvo en sus afanes de ser una gran guitarrista. A pedido de ella, cuando hay tiempo libre, su papá la acompaña a diversas actividades culturales y a presentaciones callejeras para reunir unos pesos extras, pero también para dar a conocer el talento precoz. Hace un año que cantamos en la calle, a veces en la plaza principal, pero los gendarmes nos quieren sacar, y es por el apoyo de la gente que finalmente nos dejan tocar un rato. La cantada es porque mi hija me lo pidió, ella tiene pensamientos de adulto, cuenta Rider. Según el papá, el sueño de Sofía es ser como Paco de Lucía, o como Piraí Vaca. Ahora estamos juntando plata para comprar una guitarra mejor, que cuesta como Bs 3.000, dijo. Rider estudió en Bellas Artes, contó que además de dedicarse a la música, Sofía está en tercero básico, que su promedio es 80, y que es buena en matemáticas. Algunas personas se impresionan porque ella sabe mucho para su edad. Siempre les digo que dediquen al menos una hora al día a sus hijos para que sean excelentes en algo. Es que mucho dejamos a nuestros hijos con el celular, y olvidamos que cada niño tiene un don, todos los tienen, motivó. Sin permiso Justo este lunes 25, Rider estuvo en las oficinas municipales, pidiendo los requisitos para presentarse, pero dijo que le respondieron que solo dan autorización para comercios, negocios, y que en cultura no tienen alguna disposición. Me mandaron a la instancia cultural, pero ya he ido, se tiran la pelota. No creo que la Casa de la Cultura tenga potestad para estos permisos, pero tampoco entiendo cómo los cafeceros, venezolanos, peruanos, colombianos, etc. pueden trabajar en la plaza y a nosotros nos quieren sacar. Varias veces he participado de forma gratuita en actividades de la Casa de la Cultura, y ni para el pasaje me dieron, lamentó la falta de apoyo a la joven promesa, de nombre Sofía.