Rosita Aguilar (16) vive en el barrio El Retoño, por el décimo anillo, desde donde se traslada todos los martes y jueves, de 14:00 a 16:00 hasta el Centro Cultural de la Villa Primero de Mayo. Violín en mano llega con entusiasmo, como parte integrante de la orquesta folclórica. No ha sido poco lo que ha acumulado estos casi 9 años de aprendizaje, pasó por varios centros culturales y clases que fueran gratuitas porque su amor por la música era más grande que el poder adquisitivo del bolsillo de sus padres. Tiene un instrumento que le costó Bs 2.000 y que adquirió juntando todo lo que recaudaba preparando patasca los viernes por la noche y saliendo a vender en Bs 10, bien temprano los sábados.
Se puede decir que la música se respira en su hogar. El amor por los instrumentos viene desde el abuelo Nicanor, que tocaba tamborita, su padre Rodolfo Aguilar es electricista y albañil, pero también toca el tambor folclórico y las maracas. Todos sus hermanos saben interpretar más de un instrumento, solo al menor, de apenas un año, le falta aprender, algo que con seguridad podrá hacer siguiendo a cualquiera de los cuatro mayores. Guitarra, mandolina, zampoña, armónica, flauta, violín y hasta ukelele forman parte del repertorio.
El lugar donde abunda la música
A una cuadra de la plaza principal de la Villa Primero de Mayo, los acordes de Piama, La Ovejerita y Noche de Luna Llena inundan el ambiente alrededor del Centro Cultural de esa populosa zona, que con sus 107 barrios y poco más de 237 mil habitantes cuenta con un espacio donde el arte puede atraer a los jóvenes. Ese distrito que antes fuera estigmatizado como lugar peligroso es ahora un semillero de violinistas y músicos en general. Las clases son gratuitas y esta semana que viene los interesados pueden acercarse para elegir la clase sobre el instrumento de su preferencia: violín, mandolina, guitarra o flauta travesera.
"Esta era una zona muy peligrosa, pero la música ha aportado mucho para cambiar eso", dice el profesor Ronald Chinchi. Cuenta que la gente pasa y observa, la música es algo que no se puede ocultar, tampoco las caritas sonrientes de los chicos que entran y salen. Así, como cosa muy natural, de a poco se fue despejando el peligro: "Hasta los malvivientes que pasaban por aquí se han alejado", reconoce con satisfacción.
El mérito de la música en general es que además aporta disciplina y buenos hábitos a las jóvenes vidas que ahí se forman. "Han venido estudiantes indisciplinados, que ven cosas malas todos los días, a su alrededor, pero con el tiempo van cambiando la conducta. La música está aportando cosas buenas", remarca mientras ordena a unos 60 chicos que se han juntado de los tres grupos -nivel inicial, medio y avanzado- el día de esta entrevista.
Hay alumnos bien pequeñitos, como Renata Carrasco (7), que es la más 'chiquitinga' de la clase. Llegó bien peinada, con una cola tirante y un gran corbatón que su orgullosa madre armó a la perfección. La señora Darling Galarza cría sola a su única hija y se dio modos para poder comprar el violín que le costó Bs 900. Ella se gana la vida como personal de limpieza cuyos servicios y los de sus compañeras se pueden contratar a diario. Escuchar a su niña interpretar el instrumento apoyado al cuello y parte del pecho vale la pena cada minuto de su esfuerzo.
El Centro Cultural acepta alumnos desde la tierna edad de Renata, esta gestión hay 150 inscritos y la semana pasada y la que viene se han abierto cupos para aprender de forma totalmente gratuita a tocar violín, mandolina, guitarra o flauta travesera. Los estudiantes solo deben llevar su instrumento, como parte del programa solventado por la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra.
El profe Chinchi destaca que Renata tiene claro lo que quiere ser en el futuro: "Ya tiene la mentalidad de que va a ser alguien en la vida, no está aquí solo para pasar el tiempo". En este punto comenta que a pesar de que son gratis las clases, a muchos estudiantes y padres les falta constancia, pero también hay los que se comprometen, porque para comprar el instrumento tienen que arriesgarse, ya que el más barato cuesta Bs 900.
La música le cambia la vida a las personas
"La música abre muchas puertas, por la música he conocido varios países, estuve en tres oportunidades en Europa y también conozco muchos países de Sudamérica. Con la música me ayudé para pagar mis estudios. Siempre les digo a mis alumnos que la música es universal y con ella se puede ir a trabajar a todos lados", explica el profesor Ronald Chinchi, que nació y se formó en Guarayos y da testimonio a sus alumnos de que siendo de provincia y con escasos recursos económicos pudo estudiar la carrera que soñaba.
"Yo agarraba el instrumento porque lo veía colgado en la pared. No tenía violín propio ni la posibilidad de comprarme uno, iba a clases con el de mi tía, apenas tenía 8 años y cargaba el violín de cuatro cuartos que era para alguien de mayor tamaño, pero así fui avanzando. Hasta que unos lutiers vieron mi talento y me prestaron un violín, así empecé a incursionar en lo que era una carrera", confiesa el que ahora es profesor del Centro Cultural de la Villa.
Explica que desde los 5 años se hace estimulación temprana en jóvenes vidas y que una edad apropiada para aprender a tocar un instrumento es de 7 años en adelante.
La magia de un instrumento como el violín es que no solo regala música para los oídos y para el alma, sino que además aporta a la disciplina de los jóvenes. La música también contribuye al desarrollo y ayuda a concentrarse. "Los que están en la escuela de música son más disciplinados y ordenados en el estudio", remarca el profe Chinchi.
Y sus alumnos, como Rosita, agregan que es también una terapia. "La música es un remedio muy efectivo para cualquier problema. Uno solo se concentra en la pieza que está tratando de sacar y en el instrumento". Además de eso, saber tocar tan bonito el violín le ha servido a esta joven para llevar ingresos económicos a su casa. A sus cortos 16 años Rosita ya es profesora de violín en un instituto privado.
Hoy en día la música es una profesión y estas jóvenes vidas están moldeando su destino.
Algo más sobre el centro cultural
El Centro Cultural Villa Primero de Mayo se encuentra sobre la calle A, entre las calles 2 y 3 oeste, en Distrito Municipal 1, de Santa Cruz de la Sierra. En este centro cultural también funciona el Museo Etnográfico del Oriente Boliviano y el Semillero de Talentos que ofrece oportunidades para desarrollar habilidades artísticas. El responsable del centro cultural es Mauricio Banegas.
Además de las clases para aprender a tocar instrumentos como guitarra, mandolina, flauta traversa y violín, se pasan clases de danza, teatro y títeres. Allí también funciona un teatro cultural con capacidad para 140 personas, que se pone a disposición del público y del sector artístico de lunes a viernes.