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Kilómetros de barro y desolación: el sacrificio de los productores de San Juan tras la riada

Sabado, 22 de noviembre de 2025 a las 19:24
Foto: Soledad Prado

Caminan kilómetros cargando lo poco que lograron salvar. Los bultos pesan más por las deudas que por los alimentos, los préstamos con los bancos y las casas comerciales no desaparecen con la inundación.

 

Con el lodo pegado hasta las rodillas y el peso de sacos de alimentos, herramientas y víveres sobre la espalda, los pequeños productores de San Juan avanzan lentamente por caminos que dejaron de ser caminos. Son senderos intransitables. dañados por el agua del río Yapacaní, donde cada paso es una prueba de resistencia y cada metro ganado, una lucha contra el cansancio.

La riada no solo se llevó cultivos enteros de arroz, soya y fréjol; también arrasó con gallinas, patos, chanchos y todo aquello que constituía la base de su subsistencia. “Nos hemos quedado sin nada”, repiten los comunarios, mientras se abren paso por el barro espeso que  les llega hasta las rodillas  en algunos tramos. Pero aun así avanzan, porque detenerse no es una opción.

Caminan kilómetros y kilómetros cargando lo poco que lograron salvar, o lo que consiguieron comprar tras días de búsqueda de combustible y víveres. Los bultos pesan más por las deudas que por los alimentos: los préstamos con los bancos y las casas comerciales no desaparecen con la inundación, y cada productor lo sabe. Aunque el agua se llevó su inversión, ellos deben seguir produciendo para cumplir con sus obligaciones y sostener a sus familias.

El paisaje que dejan atrás es de desolación: parcelas enterradas bajo el lodo, corrales vacíos, caminos intransitables  por la fuerza del agua. Pero la escena que protagonizan ellos es la de un sacrificio silencioso, casi heroico. Hombres, mujeres y jóvenes avanzan en fila, hundiéndose en el fango, con el cansancio marcado en el rostro y la determinación prendida en la mirada.

“Tenemos que seguir. No queda de otra”, dice una productora de la tercera edad mientras ajusta, con manos temblorosas, el bulto que carga sobre la espalda.

Lo hacen por subsistir hoy, y por asegurar el mañana de sus hijos. Lo hacen porque la tierra es su vida y porque pese a que la naturaleza los golpeó con fuerza, ellos siguen apostando por volver a sembrar, limpiar sus parcelas, rescatar lo que se pueda y empezar otra vez.

En medio de caminos intransitables, bajo el peso del lodo y la incertidumbre, los productores de San Juan continúan avanzando. Su sacrificio, tantas veces invisible, se ha convertido en el retrato más crudo de lo que deja el agua a su paso.

 

 

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