Gabriel tiene 20 años y desde hace una semana ha empezado su emprendimiento de panadería y repostería. El pasado 10 de marzo salió de la institución de rehabilitación Centro Educativo Nueva Vida Santa Cruz (Cenvicruz). Cuenta que estuvo allí un año, nueve meses y 27 días. Lamenta que los chicos que llegan a Cenvicruz piensen distinto; dice que muchos entran, salen y vuelven. Relata que si bien no hablaba con todos, conversaba con aquellos a quienes veía tristes, trataba de darles una palabra de aliento. Le gusta motivar a las personas y cree que es bueno en ello. Gabriel afirma que tiene la voluntad de salir adelante, de cumplir sus sueños. Por eso, dice, aprovechó cada curso, cada capacitación que se dictaba en Cenvicruz. Aprendió sobre agropecuaria, peluquería y electricidad, entre algunos oficios. Pero el que le gustó fue el de la panadería. “Es algo tuyo, que lo hacés con amor, con cariño, con dulzura”, describe y asegura que no lo hace con el afán de lucrar o porque esté escaso de recursos económicos, sino porque le gusta. “Salí (de Cenvicruz) el 10 de marzo, motivado; siempre tenía esa intención. Yo nunca tenía una mentalidad baja; siempre pensé en ser grande… Dije: ‘salgo de acá, me hago una oportunidad, me presto dinero’… y a cumplir mi sueño. No puedo dejar un sueño a medias (...) Que yo elija una cosa, me canse un día, me rinda, y toda la vida sea así, no voy a poder cumplir un sueño (si actúo así)”, reflexiona. Pidió dinero prestado para comprar insumos, y la Gobernación -con el apoyo de Save the children, según señala en sus redes sociales- le donó un horno industrial, además de algunos insumos, y fue así como empezó a dar los primeros pasos de su sueño. Gabriel está muy agradecido, y con el entusiasmo de hacer algo que lo satisface. Su panadería y pastelería se llama Bariloche, que es un lugar turístico en Argentina, que él quiere conocer, en algún momento. Gabriel cuenta con el apoyo de su novia, que le enseñó las recetas de los diferentes pasteles que ofrece a pedido y con 24 horas de anticipación. En su oferta figuran: pastaflora, brownies, rollos de canela, tarta de coco y tarta salada, pero también pan casero. Madruga para hacer pan y cuando tiene pedidos se queda trabajando hasta tarde para prepararlos. A este joven no le faltan los sueños. Aunque no tiene totalmente claro cómo, quiere ayudar a los niños en situación de calle. Todavía no sabe si trabajando en un hogar para niños o creando el suyo. Su objetivo es que los niños estudien y se capaciten, que puedan producir algo que consigan vender y así logren crecer y desarrollarse, conseguir un lugar donde vivir y que el alimento no les falte. Gabriel señala que es el mayor de tres hermanos y tiene una mamá y un papá que están felices, contentos por él y por lo que está logrando. Pastelería y Repostería Bariloche recibe pedidos a través del número de teléfono celular 76686874.