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Francisco, el papa incansable y transformador

Lunes, 21 de abril de 2025 a las 16:45

 El papa Francisco brindó una conferencia de prensa dentro del avión, donde se refirió a la demanda marítima de Bolivia

Por: Cecilia Dorado Nava

Por sus venas corría sangre latina, el calor humano y el carisma de siempre lo convirtieron en poco tiempo en un Papa muy cercano al pueblo. Francisco, de nombre secular Jorge Mario Bergoglio, era un Papa incansable, realizó 47 viajes a países africanos, europeos, asiáticos y de toda América. Aún recuerdo como si fuese ayer, el viaje apostólico por Ecuador, Bolivia y Paraguay, del 5 al 13 de julio de 2015, en el que pude compartir personalmente con su Santidad como periodista de El Deber.

Días antes del encuentro en el avión, el ambiente en la plaza de San Pedro ya era agitado. Poco antes de que se inicie su recorrido por estos tres países, el Papa Francisco saludó a la comunidad boliviana que se había reunido en este lugar para rezar el Ángelus y desearle un buen viaje. Con imágenes de vírgenes de Urkupiña, Copacabana y Cotoca en las manos, centenares de bolivianos hicieron flamear sus pañuelos blancos, mientras el Papa enviaba su mensaje desde una de las ventanas del tercer piso del Palacio Apostólico.

Finalmente, con la riqueza cultural que caracteriza a los bolivianos, una numerosa delegación de residentes en Italia se congregó en la Via della Conciliazione, la avenida principal que conduce a la plaza de San Pedro, donde realizaron una entrada folclórica en honor al Papa.

Durante el viaje apostólico, que duró nueve días, el Papa se mostró muy accesible a la delegación de prensa que lo acompañó. Éramos como 70 periodistas de diferentes países del mundo, algunos de ellos eran conocidos como “la sombra del Papa” por haberse especializado en la cobertura del Vaticano y la vida de los papas.

Una vez en el interior del avión de Alitalia, y a pesar del protocolo que demandaba el Vaticano, el Papa Francisco apareció en la cabina de pasajeros saludando uno a uno a los periodistas, mientras hacía comentarios, sonreía y recibía obsequios. Cuando inició su paso por el segundo pasillo de la amplia cabina de la aeronave, se aproximó al asiento en el que estaba aguardando y luego de estrechar su mano, le entregué una cruz misional tallada en madera por artesanos chiquitanos, de 40 cm de largo, réplica de la cruz que actualmente hay en el altar papal, frente a El Cristo. Con un gesto de humildad, el Papa besó la cruz en señal del amor que sentía por Bolivia. También se tomó una selfie a pedido nuestro y dijo que era para los jóvenes bolivianos que lo esperaban.

Durante su visita por Ecuador, Bolivia y Paraguay, el Papa nunca se mostró cansado. Participó de todos los actos y ceremonias que estaban programados. Era impresionante la cantidad de personas que movía en cada país, multitudes que hasta dormían desde el día anterior en cada lugar para garantizarse un buen espacio. También era conmovedor ver a enfermos y personas en sillas de ruedas que aguardaban la llegada del Papa, llenos de fe y esperanza. No faltaban los indígenas que arropados en sus atuendos típicos se apostaban lo más cerca al altar papal.

Los periodistas debíamos seguir una rutina rigurosa para la cobertura. Cada día, a las 04:50 am teníamos que recoger una ayuda memoria del discurso que daría el Papa Francisco en la ceremonia principal de cada jornada, pero también era de conocimiento general que el Papa habitualmente se salía del discurso oficial, añadiéndole comentarios y reflexiones sobre temas de la actualidad que consideraba oportunos. 

UN TRABAJO TITÁNICO

Seguir la cobertura del viaje del Papa fue un trabajo titánico, muchas horas de recorridos, elaboración del material periodístico y traslados de un punto a otro. Incluso por las noches, durante las horas de vuelo, se tenía que aprovechar para redactar las notas u ordenar el material para enviar a los medios de comunicación apenas tocábamos tierra firme. 

Era tal la multitud de feligreses en cada país, que el bus de periodistas recorría con custodia policial por delante para llegar a tiempo a algunos lugares de destino.

En Bolivia fue admirable su llegada al aeropuerto internacional de la ciudad de El Alto, el 8 de julio, donde muchos temían por los efectos de la altura, pero el papa Francisco supo sortear esa situación. Después de la ceremonia de recepción en medio de un ambiente frío y ventoso, se trasladó hasta la ciudad de La Paz donde tuvo encuentros con el Presidente del Estado Plurinacional, sacerdotes y autoridades civiles.

Ese mismo día partió rumbo a Santa Cruz de la Sierra, en un vuelo de BoA, para presidir la misma central en el altar papal que se levantó frente a El Cristo Redentor. Otro de los momentos más emotivos fue su encuentro con reclusos de la cárcel de Palmasola, donde los propios periodistas extranjeros se mostraron admirados por la escena cuando cientos de reclusos se arrodillaron para recibir la bendición.

El papa Francisco se dio tiempo para visitar al primer cardenal boliviano, Julio Terrazas, quien estaba internado en una de las clínicas de la capital cruceña por un problema de salud, que le impidió participar de los actos.

El MAR, UNA DEMANDA JUSTA

Al cierre de todo su recorrido por estos tres países latinoamericanos, el papa Francisco brindó una conferencia de prensa dentro del avión, donde se refirió a la demanda marítima de Bolivia. 

“Siempre hay una base de justicia cuando hay cambio de límites territoriales y, sobre todo, después de una guerra. Entonces, hay una revisión continua, una revisión de eso (…); yo diría que no es injusto plantearse una cosa de ese tipo, ese anhelo (reivindicación marítima)”, dijo en una respuesta abierta.

El papa no tuvo reparos al abordar diferentes temas políticos, económicos y de otra índole, hasta se refirió al mate de coca. 

Era un líder espiritual que tenía como bandera el diálogo, el diálogo para resolver los grandes conflictos del mundo. Su visión amplia lo llevó a hablar de temas sensibles y a tender puentes entre el poder y el pueblo.

Ha sido un líder espiritual muy cercano a la gente, a los humildes y a los jóvenes, lo cual revitalizó la relación de la Iglesia católica con sus feligreses en todo el mundo. Sin duda marcó un antes y un después.

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