"La atención es normal, no se ha puesto en riesgo a ningún paciente, se justifica el director del hospital Oscar Urenda de Montero, Roberto Soliz. En el hospital permanecen internados 12 pacientes Covid-19 en terapia intensiva. A pesar de su aparente tranquilidad, hay turnos dentro de la sala terapia que son supervisados por un único médico.
La Sociedad Boliviana de Medicina Crítica y Terapia Intensiva instruye que un médico puede atender entre 5 y 6 pacientes en terapia intensiva, recuerda Erick Arnez, jefe de la terapia intensiva en Montero. Sin embargo, observa que ayer miércoles solo había un profesional de turno en dicha sala, para cuidar a los 12 pacientes. Soliz confirma que el otro médico que debía cumplir el turno fue retirado y todavía no cuentan con un reemplazo para el mismo. Por ello, la jefa de Recursos Humanos viajó a La Paz para conseguir un profesional que complete el plantel. Las disputas entre la administración del hospital y el jefe de Terapia Intensiva se han recrudecido en los últimos días. Arnez reivindica que, como responsable de las terapias, debe conocer al personal que trabaja ahí. Ha solicitado a Recursos Humanos el perfil de los profesionales contratados para reemplazar al equipo inicial. Sin embargo, la única respuesta que ha logrado hasta el momento consiste en amenazas y acusaciones por parte del personal administrativo, según su reporte. Es más, el director del hospital le compartió un rol de turnos para los próximos días, sin especificar mayor detalle. Soliz reconoce que el turno de terapia está atendido este jueves por un terapista y un cardiólogo. Corresponden turnos de dos médicos, un internista y un terapista, para el cuidado de los 12 pacientes internos, resaltaba instantes antes en la entrevista sostenida con EL DEBER. A pesar de esas irregularidades, Soliz asegura que el hospital cuenta con cuatro trabajadores más que antes. De 119 trabajadores ahora cuenta con 123, confirma. Arnez reconoce el incremento del personal pero también aclara que todos los trabajadores administrativos del centro cuentan con ítem asegurado, mientras que el personal de primera línea para atención Covid-19 se rige por los contratos temporales de Aisem. Precisamente la culminación de estos contratos ha sido aprovechada por la actual dirección para reemplazar a los profesionales por médicos, enfermeras y otros trabajadores de salud. Eran cambios necesarios, alega Soliz. Motivos del reemplazo Por otro lado, Roberto Soliz explica que los cambios de personal responden a la evaluación realizada internamente siguiendo los parámetros dispuestos por el Ministerio de Salud. La valoración del rendimiento de cada profesional corresponde al director, a la jefa de Recursos Humanos y al jefe de las terapias intensivas. Para Arnez, todos los profesionales despedidos, tanto médicos como enfermeras, eran profesionales de alta valía que pusieron el pecho durante la pandemia y trabajaron en primera línea a pesar de los retrasos en el pago de los sueldos. Soliz alega el alejamiento de ocho médicos por diferentes motivos: una doctora renunció y otros médicos no cumplieron las expectativas. A la hora de explicar este escenario, destaca que tenían una gran valía como profesionales, pero el formato de evaluación considera otras cualidades que debe tener un funcionario como la responsabilidad, la comunicación y la empatía. Indagando por una respuesta más concreta Soliz desmiente las afirmaciones de Arnez y las considera fuera de toda razón. Por su parte, el jefe de terapia intensiva insiste en que la respuesta que le dieron para justificar los despidos tiene que ver con los reclamos que hicimos para que les cancelen sus sueldos.