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Daniel Berdeja busca acabar con el abandono y el maltrato animal

Jueves, 19 de agosto de 2021 a las 10:53

Por Redacción

(VEA EL VIDEO) Es fundador de Refugio Esperanza, que ha dado cobijo a más de 500 animales en más de cinco años

Por Brissa Pabón

Daniel Berdeja es el fundador de Refugio Esperanza, un albergue que lleva más de cinco años brindando hogar temporal a perros abandonados y que les ha dado una segunda oportunidad de vida a más de 500 canes. Lucha por terminar con el abandono y el maltrato animal.

Tan pronto el rescatista abre la reja del refugio es recibido por decenas de perros, que saltan, ladran, lamen sus manos y corretean. Por el albergue han pasado caninos rescatados de situaciones de calle, maltrato y abandono.

 

Cafú, el punto de inicio

Daniel recuerda muy bien sus inicios en el mundo animalista, algo que comenzó con un acto solidario y terminó convirtiéndose en el motivo de su vida.

Nunca imaginó ser fundador de un refugio y atribuye a un perrito callejero llamado Cafú que le hizo sensibilizarse y despertar su instinto de empatía y ayuda hacia los animales. “Todo empezó cuando vi un perro en la calle con la cabeza abierta, se le veía el cerebro y no pude dormir durante dos noches pensando en quién le podría dar hogar o rescate”, relata.





Uno de los perritos del Refugio Esperanza/Foto: Brissa Pabón

En ese momento, consciente de que uno de los grandes problemas a la hora de rescatar es el de no tener un lugar dónde acoger al animal, inició la búsqueda de un terreno que pueda ser prestado y servir como hogar temporal. Llegó a encontrarlo gracias a la solidaridad de doña Dolly, su tía de cariño.

Así, un enero de 2015, Daniel inaugura Refugio Esperanza, y antes de darse cuenta, estaba albergando primero tres perros, luego 10, 20 y hoy la cifra llega a 40, habiendo dado en adopción a más de  400 canes en los últimos años.




El Refugio Esperanza está ubicado en la avenida Montecristo, zona Pampa de la Isla. /Foto: Brissa Pabón

Refugio Esperanza

Actualmente, el refugio está ubicado en la Pampa de la Isla, avenida Montecristo y cuenta con 35 voluntarios de diferentes edades, aunque a lo largo del tiempo han sido aproximadamente 150 voluntarios los que han ido rotando.

Todos dan cuotas para pagar a una persona que los ayude con la limpieza y el mantenimiento del recinto; además se turnan para realizar diferentes tareas. “Cada uno tiene su profesión, trabajo, incluso una voluntaria pasa sus clases virtuales en el refugio. Todos coincidimos en tener la voluntad de ayudar”, afirma Daniel.

Mantener tantos animales rescatados tiene un costo no solo físico si no también económico. Gran parte del refugio se mantiene con una rifa que se realiza anualmente para pagar tratamientos, medicación general, agua, luz y alimentación. “Al ser un refugio activo en redes sociales, cuando hace falta solemos pedir ayuda por ese medio y si no recibimos, sacamos de ahorros”, explica.




El refugio cuenta con más de una treintena de canes /Foto: Brissa Pabón

Un problema sin resolver

El abandono animal es un problema latente en el país, al que todavía no se le ha encontrado solución, pues existe aún impunidad que permite que algunas personas se sientan libres de abandonar y maltratar a los animales.

A la gente le encanta tener cachorros hasta que crecen. Muchos perros están en la calle porque la gente los abandona, se aburren de ellos, se mudan y los terminan dejando a su suerte”, lamenta el voluntario. “Falta educación en tenencia responsable y la importancia de la esterilización y castración”, añade.

Ante este panorama surge la necesidad de preguntarse: ¿quién debe o debería asumir la responsabilidad de hacerse cargo de los canes en condición de calle? Gracias a la exigencia e impulso de distintas agrupaciones dedicadas a la protección de animales, el 1 de junio de 2015 se promulgó la Ley 700 para la defensa de los animales contra actos de crueldad y maltrato.

“Hay además una ordenanza municipal que obliga a regular el ciclo reproductivo de las mascotas, pero la Alcaldía no la hace cumplir. Realizan campañas de esterilización, pero en muy poca escala y mucha gente aún no tiene conocimiento alguno sobre el tema”, critica Daniel. “Hay que educar y empezar a poner multas a la gente irresponsable. La tenencia de perros debe estar reglamentada y es necesario masificar las esterilizaciones”, agrega.




Uno de los animales en fase de recuperación /Foto: Brissa Pabón

Sobrellevando la pandemia

La pandemia ocasionó que el refugio enfrentara algunas dificultades, pero con esfuerzo, dedicación y, sobre todo, buena voluntad, consiguieron seguir adelante.

Durante las primeras dos semanas de cuarentena, los voluntarios se turnaban para dormir una semana entera en el refugio. “Acomodamos un colchón en el suelo y durante una semana entera cada voluntario se encargaba de la limpieza, medicación y mantenimiento del lugar”, explica Daniel.

Gracias a la personería jurídica, pudieron obtener pases que facilitaron la circulación para atender el refugio.

La paciencia, la sensibilidad, y el sentido de la responsabilidad son las virtudes que describen a Daniel y a los voluntarios que buscan devolver la felicidad a animales abandonados.

Es algo que te quita tiempo, plata de los bolsillos ya sea por las cuotas de medicamentos u otros gastos, pero te llena mucho el corazón”, confiesa con el ladrido de fondo de todos sus amigos, desde el calor de este refugio donde seguirán luchando para cumplir su sueño, terminar con el abandono y maltrato animal.

Daniel Berdeja, fundador del albergue de mascotas /Foto: Brissa Pabón

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