Con el tiempo a contrarreloj, Francisco Mercado y su staff compuesto por una treintena de personas tienen más trabajo que ningún otro momento del año. Si bien no les falta evento para decorar (fiestas de 15 años, matrimonios, etc.) es en esta época de Carnaval cuando no se dan abasto y deben echar mano de un personal extra para apoyar.
Cinco carros, entre ellos el de la reina del Carnaval, deben salir del galpón del octavo anillo (zona de la G77), en donde se transforman los fierros con telas, brillos y colores hasta dar rienda suelta a la imaginación. “Me molesta los que critican que se celebre Carnaval en medio de esta crisis, es que no se dan cuenta de la cantidad de empleo que se genera solo en los carros, trajes, casacas… pero la gente no lo ve de esa forma”, se lamenta Francisco, porque hay muchísimas personas que se benefician y pueden trabajar gracias a esta fiesta anual.
Hace números y suelta una cifra, un carro digno de reina cuesta $us 20.000. No revela cuánto costó el de la soberana del Carnaval del año pasado que estuvo a su cargo, pero solo con sus dimensiones (22 metros de largo) da para pensar en mucho más.
Reconoce que un carro de Carnaval no es como montar una recepción privada, “tenemos que dar todo lo mejor porque hay una gran presión social, tu trabajo está bajo la lupa de la sociedad y pues… me gustan los desafíos”.
Movimiento económico
El bolsillo flaco de todo un año experimenta un poco de alivio con tanto movimiento. Peluqueros que peinan reinas, colocan tocados, realizan maquillaje de fantasía y hacen simbas. Costureras que elaboran casacas, técnicos de imprentas de serigrafía y sublimado, bordadoras que llenan de brillo los trajes de reinas, diseñadores de moda que crean fantásticas alegorías, mano de obra en los talleres donde se da forma a los carros, comerciantes con toda clase de accesorios para el comparsero, carniceros para el churrasco… es en realidad una larga cadena que sale beneficiada.
“Carnaval es el ingreso más importante de mi taller, mueve hartísimo y damos trabajo a mucha gente”, confiesa Rodolfo Pinto, famoso por sus tocados de reina, pero también por ser el creativo que elabora trajes típicos de concurso, trajes de reina, novia, quinceañera, alegoría de fantasía para comparsas, etcétera.
Recuerda que antes de la pandemia por Covid-19, cuando todavía se podía hablar de una época de oro, la alegoría de una reina del Carnaval demandaba $us 70.000.
Hoy en día un traje de reina digno ronda $us 10.000, según su experiencia, aunque él prefiere no ponerle una base: “Claro que nos acomodamos al presupuesto de la comparsa, sobre ese monto que ellos ponen se crea el concepto y se le da vida. Somos más artistas que comerciantes”, subraya.
Pinto reconoce que antes de la crisis atendía hasta 20 comparsas que se preparaban desde julio, principalmente las agrupaciones femeninas que en sus palabras, son las que más se producen y ofrecen un verdadero espectáculo en el corso.
“Se fue sintiendo de a poco la crisis. Ahora hay menos participación de agrupaciones en el corso y el presupuesto ya es ajustado, ahora la piensan hasta lo último para participar. Pero al final Carnaval es un escape de todo”, dice el creativo que tiene a su cargo más de 40 personas trabajando en el taller porque incluso hacen alegorías y casacas a pedido para la comunidad cruceña en el Carnaval en EEUU.
La diseñadora de moda Paola Fiorilo también reconoce que ya no se carnavalea con el lujo de antes. Si bien ella atiende novias, quinceañeras, candidatas a Miss Santa Cruz y Miss Bolivia, el Carnaval siempre fue una fecha importante. A su atelier llegaban reinas de comparsas que competían por tener la mejor presentación.
“Ha cambiado mucho, las reinas ahora utilizan un traje de gala y solo se ponen un tocado y listo, así acuden a las invitaciones que tienen, antes para cada ocasión se hacía un vestido”.
Heredera de la confección de su madre, Consuelo Fiorilo de Bonacelli, Paola es capaz de armar un traje de reina y su respaldar en 15 días. Ahora mismo está trabajando en los trajes de reinas de las provincias y también de la ciudad.
El director del Instituto Cruceño de Estadística (ICE), Juan Pablo Suárez, que presentó hace poco un estudio económico del movimiento que genera el Carnaval, explicó a EL DEBER que entre todas las actividades relacionadas con la fiesta grande del cruceño, durante los 365 días del año, se genera un movimiento económico de unos $us 100 millones.
Mientras que Richard Gonzales, secretario municipal de Desarrollo Económico y Empleo en 2022, proyectaba que habría 20.000 empleos eventuales debido a esta fiesta.
Han pasado tres años desde entonces en los que las cosas no mejoraron, más bien la economía se contrajo drásticamente, los insumos que se importan salen más caros por el tipo de cambio frente al dólar y la gente la piensa dos veces antes de meterse la mano al bolsillo. Las cifras han tenido que empeorar, sin estudio de por medio, basta con visitar a los hacedores de la gigantesca máquina que es el Carnaval para comprobarlo, pero aún así, sigue siendo una actividad rentable, que le da algo de respiro al ciudadano que se beneficia con tanto trabajo, en un contexto en el que abundan los desempleados y los que trabajan 'al fío'.