Los padres de un pequeño con un cuadro grave de desnutrición y de anemia se negaron a que los médicos le hagan una transfusión de sangre. Argumentaron que su religión no permitía esta acción y por ello decidieron, a pesar del delicado estado de salud del menor, sacarlo del centro de salud.
La situación fue reportada y la Defensoría de la Niñez tomó conocimiento del caso llevándolo hasta el Juzgado Primero, que resolvió que el niño debe recibir el tratamiento a pesar de la posición de los progenitores.
La jueza, en su resolución, no solo ordenó que se ejecute la transfusión si no que advirtió a los padres de que se podría suspender su derecho de paternidad en caso de que se mantenga la posición radical de no permitir que su hijo reciba la sangre que necesita.