Mientras el tráfico no para en las principales vías de la ciudad, algunos niños aprovechan el cambio de luz del semáforo para extender la mano por unas monedas. En lugar de estar en un aula aprendiendo a leer y escribir, muchos de ellos están expuestos en rotondas y calles congestionadas, bajo la lluvia, el sol y el ruido constante de los motorizados.
Los más pequeños permanecen sujetados al cuerpo de sus padres, sin la posibilidad de correr, jugar o simplemente ser niños como los de su edad. Otros, un poco más grandes, se las ingenian para ofrecer dulces o pedir ayuda a los conductores. A pocos metros, quienes los acompañan observan desde la sombra de algún árbol, mientras la ciudad sigue su curso, ajena al drama cotidiano que está a la vista de todos.
Son niños que durante el día viven prácticamente en las calles, expuestos a todo tipo de peligro y en desventaja si trata de acceso a derechos. Incluso a los más básicos, como la educación, la protección y la salud.
La pobreza, agravada por el aumento en el costo de vida, empuja cada vez a más familias a buscar algo para poder comer. Los más vulnerables en esta lucha diaria son los niños. José Luis y Sonia, junto a sus cinco hijos, de entre 1 y 9 años, están todos los días en la rotonda del cuarto anillo y la avenida Alemania, pidiendo unas monedas para llenar el estómago. Viven en la Villa Primero de Mayo y se trasladan al otro extremo de la ciudad para instalarse en la rotonda, donde también hay personas en situación de calle y adictos. Los niños permanecen junto a ellos todo el día, ninguno va a la escuela.
Uno de ellos enfermó de varicela y la otra no para de toser, pero solo el que está con granos en la piel recibió atención médica. “Necesitamos colchas y chompas. Mi padre nos prestó una colcha porque no tenemos con qué abrigarnos”, dice Sonia y José Luis justifica que se ven obligados a cargar con sus niños porque no tienen dónde dejarlos.
Flora Choque vive en el barrio Juancho, por Normandía, y se traslada a la rotonda de cuarto anillo y radial 26 para vender pasankallas. Es madre soltera y tiene dos niños. El mayor, de 9 años, vive con las secuelas de una enfermedad neurológica y la acompaña mientras ella trabaja. Su otro hijo va a la escuela por las tardes y por las mañanas la ayuda en la venta callejera.
A pocos pasos del parque El Arenal, José Luis Lazo y su madre se ganan la vida vendiendo jugo de naranja en un pequeño puesto. Junto a ellos está la sobrina de José Luis, una niña de seis años que, ante la imposibilidad de su padre para cuidarla, permanece todo el día con ellos. La pequeña no asiste a la escuela.Inmigrantes
En los últimos años aumentó la llegada de inmigrantes que abandonan su país debido a la situación de crisis que atraviesa. Ellos se mueven en diferentes países de Latinoamérica y en Bolivia es común verlos mendigar en los semáforos. A muchos, según dicen, les cuesta conseguir trabajo por problemas con sus papeles.
En el segundo anillo y avenida San Aurelio, Iván, que llegó desde Perú hace 12 años, vende dulces, junto a dos de sus hijas. Señala que no encuentra un empleo. Su esposa cuida a los más pequeños. “Hay que pagar cinco mensualidades en el colegio, así que trabajo como puedo”, dice.
Hay transeúntes que ayudan con monedas a niños y personas, y señalan que es urgente que las autoridades apliquen políticas para sacarlo de las calles.Derechos vulnerados
La jueza de la Niñez y Adolescencia, Shirley Becerra Vaca, recuerda que la protección a la infancia está plenamente respaldada por la Constitución Política del Estado y el Código de Niñez y Adolescencia, que reconoce a las niñas, niños y adolescentes como sujetos de derechos; por tanto, gozan de todas las garantías, y es deber del Estado, en todos sus niveles, asegurar el pleno ejercicio de esos derechos.
No obstante, advierte que cuando los menores se encuentran en situación de calle o en condiciones de vulnerabilidad, y el Estado no actúa para restituir sus derechos, se incurre en una clara violación de estas disposiciones.
“Se están vulnerando los derechos a la educación, salud y vivienda de estos niños. El Estado tiene la obligación de intervenir y restablecerlos”, asegura.
También están las responsabilidades y obligaciones de los padres, que van desde el afecto y cuidado hasta el sustento, guarda, educación y otros. La norma establece sanciones en caso de omisión o incumplimiento, que puede ir desde la suspensión parcial de la patria potestad hasta su extinción, además de procesos penales en caso de violencia o abandono.
“Trabajamos con varias organizaciones para que haya menos niños en las calles, más niños en sus hogares y más familias unidas”, agrega.Marcas imborrables
Por su lado, la psicóloga María José Aguilera Arredondo señala que estos niños no solo enfrentan carencias básicas y emocionales, sino que también quedan con marcas para toda la vida. “La falta de un entorno familiar seguro y estable puede generar una carencia afectiva significativa, dificultando la gestión emocional y la construcción de una autoestima saludable”, afirma.
También asegura que pueden tener problemas en el desarrollo de habilidades sociales, como la comunicación efectiva y la resolución de conflictos.
Señala que, a pesar de que faltan políticas para atender esta problemática, existe espacios de apoyo, como la Casa de Escucha Espacio de Vida, inaugurada por la Gobernación en septiembre de 2024. “Se busca rehabilitarlos a través de una intervención integral”, dice Aguilera. La fundación Calentando Corazones es otra que ayuda a chicos en situación de calle, complementa la profesional.