Primitiva Guillén abrió la reja y dejó entrar a su patio al personal del Servicio Departamental de Salud (Sedes), que acudió buscando cualquier objeto que pudiese albergar larvas de mosquitos. Tiene un canchón limpio y macetas de rosas que embellecen el ingreso de su casa, pero que amenazan la salud de la septuagenaria y su familia. No sospechaba que los platos de cerámica con agua que coloca debajo de las macetas sirven de alojamiento a los mosquitos del dengue. En Santa Cruz hay epidemia, hay hospitales colapsados con pacientes, pero lamentablemente hay mucha dejadez y pasividad del vecino.
El aumento explosivo del dengue no se puede negar. En el primer mes de 2020 Santa Cruz ya superó la casuística de todo el año 2019. En los 12 meses de la pasada gestión el Sedes registró 767 casos confirmados, mientras que este año se ha disparado y hasta el 24 de enero la cuenta va por 930.“Esta epidemia nos preocupa porque se está pareciendo a la de 2009 (la peor registrada con 61.000 casos) por el aumento explosivo de los casos”, comparó el director del Sedes, Marcelo Ríos.Según archivos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en Santa Cruz, entre enero y febrero de 2009 hubo 12.372 casos sospechosos de dengue clásico, de los cuales 1.326 fueron confirmados por laboratorio. En ese entonces durante los primeros dos meses del año hubo seis decesos en todo el país. Actualmente, solo Santa Cruz ha reportado por confirmación de laboratorio ocho fallecimientos.Pasividad del vecino“El agua que les pongo a los platillos evita que los sepes se suban a las rosas y se las coman”, lamentó Primitiva, pero comprendió que Santa Cruz está en epidemia y no se puede dar ventaja al mosquito.Ella y los vecinos de una veintena de barrios de la Villa Primero de Mayo fueron visitados para decirles que todo lo que acumulen en sus patios y pueda retener agua de lluvia, es considerado una amenaza porque permite que los mosquitos se propaguen y sigan contagiando dengue.En el recorrido casa por casa los vecinos demostraron predisposición y escucharon las recomendaciones que se les dieron, pero causa inquietud que ante la epidemia que lleva días siendo reflejada en los medios de comunicación, la gente aún no hace algo al respecto. EL DEBER comprobó que los vecinos son acumuladores por excelencia y guardan en sus patios llantas en desuso, botellas vacías, tejas de alguna remodelación antigua y hasta turriles que no tienen el cuidado de guardarlos volcados para evitar que acumulen agua.Ríos pidió a los vecinos limpiar sus patios y así cortar el ciclo de vida de los mosquitos. Alertó que esta epidemia puede permanecer entre tres y cuatro meses más.