Una vida en silencio. Esa es la que llevaron los tres hermanos Orezaba, cuyos padres, un albañil y una ama de casa, reunieron con esfuerzo el dinero para los cinco pasajes en bus para trasladarse desde Guarayos hasta Santa Cruz de la Sierra, donde estaba la promesa de obtener, para cada uno, un par de audífonos que lograrían cambiarles la vida.
El papá, Pedro Orezaba, un hombre sencillo de 40 años, estaba realizado mirando a sus tres hijos hacerse con los audífonos. “Mucha suerte la de nosotros”, dijo feliz de haber conseguido los pequeños aparatos que se esconden detrás de la oreja, en lugar de lamentarse del destino que se encaprichó en que tres de sus cuatro hijos tuvieran discapacidad auditiva. El motivo científico no lo sabe y para la Fundación Starkey, que es la que entrega los audífonos de forma gratuita, bastó con hacerles un lavado de oídos, una audiometría y un estudio socioeconómico para confirmar que el trío los necesitaba y se los dio.
Nicolás Salles de la Fundación Starkey confirmó que fueron 500 los pacientes que se seleccionaron y que se beneficiaron. “Vamos a entregar 1.000 audífonos, valorados en $us 500 cada uno. Starkey viene trabajando hace tres años en Bolivia, hemos hecho dos misiones en Santa Cruz, una en Sucre y el fin de semana estuvimos en La Paz, beneficiando a 500 pacientes, y en Cochabamba con otros 500”, enumeró mientras recordó que Starkey está presente en 70 países en el mundo.
Celso Cuéllar, decano de Ciencias de la Salud de Ucebol explicó que se sumaron a la causa de Starkey y del Rotary Güembé para emprender esta gran campaña. La universidad prestó la infraestructura y los medios logísticos.
Al respecto, el rector Soo Hyun Chung, recalcó que siempre han llevado a cabo actividades conjuntas con Rotary como cirugías gratuitas en Cotoca, Warnes y Satélite Norte. “En esta ocasión Rotary nos presentó la fundación Starkey, solicitaron ayuda logística y para nosotros es un gran privilegio poder ayudar a los necesitados. Aquí podemos apreciar de que están contentos de oír lo que nunca creyeron poder hacer, esta es nuestra felicidad, poder ayudar”, dijo.
Un cambio de vida
Entre los seleccionados para este beneficio hubo mayoría de adultos mayores. Algunos nacieron con la discapacidad y otros fueron perdiendo el sentido del oído con el paso de los años. La falta de funcionamiento de este órgano puede marcar las vidas de las personas mayores que están aisladas dentro de sus propias familias. Escuchan risas, que la familia habla y no pueden ser parte.
El caso de los hermanos Orezaba es un tanto diferente. Los tres, Pedro Iván (16), Juan David (14) y Matías (9) no están aislados, por el contrario, son bien curiosos y activos. Su madre, Marisol Oraco, que en un principio vivía triste, dejó de sentirse mal cuando vio que sus tres hijos menores juegan y corretean como cualquier niño de su edad. Es más, asisten al colegio Fe y Alegría en Guarayos. “No sé cómo lo hacen, pero van al colegio, aprenden y actúan como los demás”, reconoció el papá.
No importó el aguacero que ayer se desató, la familia se trasladó a la ciudad y se fue dichosa.