La rinitis y el asma bronquial son las alergias más comunes en los pacientes de Santa Cruz según los alergólogos Jorge Ronald Arce, Rolando Parada y José Nava. Si bien no son los únicos tipos de alergias, son las más frecuentes en la consulta.
Cada 8 de julio se conmemora el Día Mundial de la Alergia, como una manera de centrar la atención en la “importancia de educar para la prevención de las enfermedades causadas por las alergias, así como de la búsqueda de tratamientos efectivos que mejoren la calidad de vida de las personas que las padecen”, de acuerdo con la Organización Mundial de Alergia (WAO, por sus siglas en inglés).
Los expertos coinciden en que, para que se produzca una alergia, hacen falta: predisposición genética -es decir que alguien en la familia del paciente hubiera tenido o tenga alergias- y el ambiente -aquello que se respire, ingiera o esté en contacto con la piel-.
Pero ¿qué es la alergia? Nava la describe como una reacción exagerada del organismo a un componente externo -a veces interno- conocido por este. En esa reacción existe un proceso inflamatorio crónico.
El polvo, los ácaros, el pelo de los animales, la humedad y algunos alimentos pueden producir alergias, según los médicos. En los tres primeros alérgenos (sustancias que producen alergias), pueden causar rinitis y asma bronquial; de acuerdo con reportes de la WAO, el 38% de las personas con rinitis alérgica presenta también asma, mientras que el 85% de las personas con asma presenta también síntomas nasales.
Algunos síntomas de la rinitis son: estornudos, goteo, picazón y obstrucción nasal y tos. En el caso del asma, puede haber dificultad para respirar, sibilancias o silbidos, tos y flemas.
Otras alergias
Las alergias a los alimentos también pueden ocurrir; Arce menciona al pescado, la frutilla, el chocolate y el maní como aquellos que suelen provocar reacciones en los pacientes; Parada enfatiza en los conservantes y colorantes que existen en los alimentos que se consumen a diario, las fechas de vencimiento caducadas y las malas condiciones de almacenamiento de algunos alimentos, que afectan su composición.
De su lado, Nava explica que el paciente puede consumir alimentos que, de un momento a otro le pueden producir una reacción y ello se debe a que el organismo tiene una especie de ‘tope’, una cantidad x de veces que puede tolerar ese alimento hasta que, pasado ese umbral, ya existirá una reacción. Recomienda investigar qué es lo que el paciente consume habitualmente e ir descartando cuál puede ser el alérgeno.
Las alergias también pueden manifestarse en la piel, como la llamada dermatitis atópica, en la que existe una sensibilización genética del organismo, que tiene un aumento de la inmunoglobulina IGE y que tienen mayor predisposición a padecer asma y rinitis, explica Parada. En el caso de la dermatitis atópica, se la puede reconocer como enrojecimiento de la piel y picazón.
Por otro lado, como señala Nava, están las dermatitis de contacto, que ocurren justamente porque la piel está en contacto con algún alérgeno que puede provocar esa reacción, en cualquier momento y producir enrojecimiento y picazón.
La urticaria -que se manifiesta como ronchas en la piel- es otra de las alergias frecuentes en el medio; como mencionan Parada y Nava se produce, el 95% de las veces por el “uso y abuso” de medicamentos los que, por lo general no son recetados por los médicos. Parada insiste en que los antibióticos no son la solución para las alergias, que estos no deben ser usados indiscriminadamente y que su consumo debería ocurrir solo cuando existe un cultivo previo.
Diagnóstico
Para el diagnóstico de las alergias existen distintos exámenes que pueden hacerse, como los de sangre u otros que incluyen pinchar el brazo con un reactivo, de acuerdo con Arce; a lo que Parada añade las pruebas con los alimentos y medicamentos; precisa que en estos casos deben existir al menos 48 horas entre pruebas para determinar cuál es la que produce alergia. En el caso de las pruebas intradérmicas con los reactivos de hongos, ácaros y otras sustancias, señala que sí pueden hacerse varias a la vez.
Arce y Nava coinciden en que estas pruebas con reactivos son caras y que no están disponibles en el sistema público de salud, por lo que el paciente debe realizárselas de manera privada.
Nava hace hincapié en que esas pruebas son confirmatorias y que lo que importa más es la indagación de los antecedentes familiares del paciente, conocer los factores ambientales a los que está expuesto; saber qué come, qué bebe, cómo vive y qué actividades realiza, para encontrar posibles causas de la alergia. Una vez identificada, el diagnóstico servirá para confirmar que así sea.
Tratamiento
Los tres coinciden: mantener una vida saludable, con una alimentación natural y sana, y ejercicio; evitar la exposición a los alérgenos que provocan su reacción. Habitar en ambientes limpios, ventilados, libres de polvo, sin juguetes de peluche y evitar ropa de lana, ayudará a quienes padezcan alergias respiratorias.
Evitar los alimentos que se han identificado como alergénicos en el caso de quienes sufran alergias alimentarias, será necesario. Parada recomienda no automedicarse. Arce señala que el tratamiento con medicamentos puede ser largo y durar varios meses, e indica que el paciente debe asistir a controles médicos con cierta periodicidad.
Nava explica que los medicamentos disminuyen la sensibilidad del paciente a los alérgenos e insiste en ir a la causa de la alergia para evitarla o, al menos, controlarla.