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¿El uso de teléfonos celulares puede causar cáncer?

Miércoles, 23 de febrero de 2022 a las 23:02

Por Redacción

Hasta ahora no se ha hallado una asociación entre tumores cerebrales y el uso de estos teléfonos

THE CONVERSATION
Ningún adelanto tecnológico ha tenido un crecimiento de uso tan veloz como la telefonía móvil en los últimos 25 años. Con la consiguiente exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia (RF) y de extremadamente baja frecuencia (ELF).

La cuestión es que la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) clasificó en 201 las RF emitidas por la telefonía móvil como posible agente cancerígeno, en base a que existe evidencia limitada de carcinogénesis en humanos y sin llegar a ser suficiente en estudios de experimentación animal. En biomedicina, las radiaciones se dividen en dos grandes tipos según la energía que son capaces de transmitir: ionizantes y no ionizantes. La asociación causal entre exposición a radiación electromagnética ionizante (rayos X, por ejemplo) y cáncer está ampliamente descrita y aceptada. Cabe destacar que los límites de exposición aceptados a radiaciones ionizantes para las personas se han bajado a lo largo del pasado siglo, según se iba acumulando evidencia sobre sus efectos.

Sin embargo, la radiación de los teléfonos móviles es no ionizante y está en el rango de las radiofrecuencias que se usan principalmente para aplicaciones en telecomunicaciones, como teléfonos móviles, en televisiones y radio. Al utilizar el teléfono móvil, también nos exponemos a campos electromagnéticos de extremadamente baja frecuencia.

¿Cómo se cuantifica la exposición a radiofrecuencias por la telefonía móvil?
La dosis de energía absorbida en el caso del uso de teléfono móvil se calcula usando una medida llamada tasa de absorción específica (SAR), es decir, la cantidad de energía de RF absorbida por los tejidos, la cual se expresa en vatios por kilogramo del peso corporal.
En el estudio internacional MOBI-KIDS hemos analizado la relación entre el uso de teléfonos móviles y fijos inalámbricos y el riesgo de sufrir tumores cerebrales en 900 jóvenes de 14 países diferentes, bajo la coordinación del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

La distancia del móvil al cerebro durante las llamadas es relevante para calcular con precisión la exposición a RF y ELF. Por eso, el estudio validó la información referida por los participantes con los registros de las operadoras de telefonía. También recogió información relevante para estimar la dosis absorbida en base al tipo de dispositivo, el modelo del dispositivo móvil para ubicar la antena, el lado de la cabeza con el que se hablaba, el uso del teléfono, la tecnología y bandas de uso del proveedor, etc.

A pesar de ser el estudio más grande hasta la fecha, la investigación no ha hallado una asociación causal entre los tumores cerebrales y el uso de estos teléfonos a lo largo de la vida. No hay evidencia científica concluyente de que los niveles de radiaciones emitidos por los teléfonos móviles aumenten el riesgo de cáncer cerebral.

Cada vez que en la sociedad se introduce una exposición nueva y masiva a alguna sustancia, o a una radiación en este caso, los registros de enfermedades están atentos a cambios bruscos en sus datos de incidencia.

Las ventajas que ofrece el uso del teléfono móvil hacen difícil en la sociedad actual recomendar no tener uno. Cabe resaltar que la tecnología actual de 3G, 4G o 5G emite mucho menos RF que las tecnologías anteriores. Además, los móviles y otros dispositivos de comunicación móvil se usan cada vez menos pegados al oído, por lo que los niveles de exposición, tanto al cerebro como a otros tejidos han bajado mucho.

A esto se suma que estos dispositivos se usan muchas horas como pantalla, en modo datos, para usar redes sociales, mandar mensajes y hacer streaming. Eso reduce muchísimo la exposición comparado con las llamadas en las que hablamos buena parte del tiempo. No hay que olvidar que los dispositivos emiten RF en el momento en que se manda información, no cuando se recibe.

Aún así, la clasificación de la IARC de las RF emitidas por la telefonía móvil como “posible cancerígeno” se puede interpretar como una sospecha fundada de que puede que provoque cáncer, aunque de momento no haya pruebas.
Aquellas personas que quieran reducir los riesgos a mínimos pueden reservar el uso de los teléfonos móviles para las conversaciones más cortas. También se puede utilizar una terminal con función manos libres, o recurrir a auriculares alámbricos o inalámbricos, para alejar el teléfono de la cabeza del usuario y así disminuir la exposición a radiaciones procedentes del teléfono móvil. Y finalmente se puede priorizar enviar mensajes en lugar de hacer llamadas.

El uso creciente y generalizado de los dispositivos móviles y el descubrimiento y desarrollo de nuevas tecnologías en el futuro hacen necesario respetar el principio de precaución, promover el uso racional y seguro de los dispositivos móviles y mantenernos atentos e investigando.

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