Fundada en 2021, la empresa Reflect Orbital planea instalar en la órbita terrestre decenas de miles de satélites equipados con espejos para iluminar las zonas de la Tierra sumidas en la noche reflejando la luz del sol. Se trata de un enésimo proyecto de constelación de satélites con consecuencias ambientales controvertidas.
Por Jean-Baptiste Breen
Someter al sol a su voluntad. Esa es la promesa, por decir lo menos ambiciosa, que la empresa estadounidense Reflect Orbital les hace a sus potenciales futuros clientes. Fundada en 2021 por un ex empleado de SpaceX, la empresa espera la respuesta de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), que actualmente examina su proyecto, para lanzar oficialmente su servicio sacado de la ciencia ficción: “luz solar a pedido”.
En concreto, Reflect Orbital prevé poner en órbita, para 2035, más de 50.000 satélites equipados con espejos. El lanzamiento de la primera nave, Earendil-1, en referencia a un personaje del universo de El Señor de los Anillos, está previsto para este año. Pero, a diferencia del famoso telescopio espacial James Webb, los paneles reflectantes de estos aparatos no estarán orientados hacia el espacio… sino hacia la Tierra. La idea es simple, casi ingenua: reflejar la luz del sol sobre las superficies terrestres sumidas en la oscuridad nocturna.
“A largo plazo, es desastroso”
En un mundo donde las energías renovables ocupan un lugar importante, Reflect Orbital asegura que su tecnología tiene la capacidad de “más que triplicar la producción solar mundial”. Por la noche, los campos de paneles solares son inútiles. La constelación de satélites supliría esta pérdida de ingresos, abriendo un nuevo campo de posibilidades para el futuro energético de la Tierra. Un argumento de venta visiblemente convincente gracias al cual la empresa ha recaudado cerca de 30 millones de dólares.
Una suma considerable para una startup, pero lejos de ser suficiente para lanzar decenas de miles de satélites a la órbita. Para atraer a la mayor cantidad de personas, la empresa destaca diversas aplicaciones de su tecnología, como la agricultura. En este punto, la comunidad científica se muestra escéptica.
“Las plantas necesitan una fase diurna y una fase nocturna, además de las variaciones estacionales de luz que son necesarias para algunas especies”, explica Sophie Nadot, profesora de botánica en la Universidad Paris-Saclay. Esto sin contar con las posibles perturbaciones de la biodiversidad circundante, de los insectos o de los animales en hibernación, detalla.
Además, el uso de dicha tecnología en un campo para aumentar el rendimiento de una plantación, como sugiere la empresa, equivale a omitir un punto importante de la ecuación, continúa la investigadora. “Cuando se altera un componente del ecosistema, se influye potencialmente en todos los demás”. Por otra parte, aumentar la luz suele implicar mecánicamente un aumento de la temperatura, otro factor influenciado por la tecnología de Reflect Orbital.
“Hay un beneficio directo para los humanos a corto plazo”, reconoce Sophie Nadot, “pero a largo plazo es desastroso”. Todo esto sin mencionar las posibles alteraciones de los ciclos circadianos humanos. No se menciona ningún detalle específico al respecto en el sitio web de la empresa, salvo que “la luz [reflejada por los satélites, nota del editor] no es lo suficientemente intensa como para provocar incendios o dañar los ojos”. Al ser consultada sobre el tema, la startup se declara incapaz de responder a ninguna pregunta “mientras la solicitud ante la FCC está en curso”.
Pero Reflect Orbital no limita su ámbito de acción únicamente a los sectores de la agricultura y la energía.
Un gran paso para los negocios
Antes de detallar usos específicos, la empresa quiere ofrecer “iluminación de gran superficie tras el anochecer para todos los usos”. La lista de propuestas incluye , por ejemplo, la iluminación de obras de construcción para “mejorar las condiciones de trabajo”, pero sobre todo para “alargar las horas de trabajo”. Reflect Orbital también se plantea como sustituto del alumbrado público, una forma, según la empresa, de “reducir la contaminación lumínica”.
La constelación de satélites también podría aprovecharse en el marco de “experiencias nocturnas excepcionales para eventos y espacios públicos”. ¿Un puente para entrar en el sector de los eventos? Eso es lo que parece proponer la startup. Un simulador en el sitio web del proyecto ofrece, en este sentido, una idea del tamaño y la intensidad del haz de luz redirigido desde el espacio.
Además, orientado hacia el jardín de las Tullerías de París en plena noche, el haz de luz iluminaría el espacio que va desde la pirámide del Louvre hasta el obelisco de la Concordia. También permitiría, a simple vista, iluminar todo Central Park, mientras que el resto de la ciudad permanecería sumido en la oscuridad. Es difícil imaginar la implementación efectiva y las consecuencias visuales de una columna de luz de este tipo.
Pero detrás de las posibles aplicaciones de entretenimiento de esta tecnología se esconde una última parte de la estrategia financiera de Reflect Orbital: el uso militar. Son pocas las innovaciones tecnológicas que no llaman la atención del Departamento de Defensa de Estados Unidos, y esta constelación de satélites, supuestamente capaz de dirigir rayos solares a voluntad, no es una excepción. De hecho, la Fuerza Aérea firmó un contrato de 1,25 millones de dólares en mayo de 2025 con la startup. Los servicios ofrecidos se limitarían a “proporcionar iluminación a pedido para operaciones militares y un suministro solar continuo para la producción de energía”.
Embotellamiento espacial
En el fondo, Reflect Orbital suscita otras preocupaciones, más amplias, relacionadas con la reciente multiplicación de proyectos similares de despliegue de constelaciones de satélites. El concepto existe desde hace varias décadas, pero su magnitud ha aumentado últimamente bajo el impulso de Elon Musk y su red de 90.000 satélites Starlink. Su mejor enemigo, Jeff Bezos, director de Amazon, ha seguido sus pasos y prevé poner en órbita más de 5.000 satélites con el antiguo Proyecto Kuiper, ahora Amazon Leo, y la doble constelación —en órbita baja y media— TeraWave.
El gigantesco proyecto chino Guowang, la iniciativa europea IRIS² o la misión rusa Sfera suponen decenas de miles de satélites que se sumarán a la creciente masa de naves y desechos alrededor de la Tierra. Atascos espaciales cuyas consecuencias ya comienzan a hacerse sentir.
La posición de los satélites, en particular los de las gigantescas constelaciones, y las estelas luminosas que dejan tras de sí “destruyen por completo la calidad de las imágenes” tomadas desde el espacio, señala Lionel Birée, ingeniero de investigación aeroespacial. Un estudio de diciembre de 2025 sobre cuatro telescopios revela, de hecho, que cerca del 96 % de las observaciones de tres de ellos podrían verse afectadas una vez que todas las constelaciones estén montadas. Por su parte, el famoso Hubble podría ver un tercio de sus imágenes contaminadas. “Nuestros resultados demuestran que la contaminación lumínica constituye una amenaza creciente para el funcionamiento de los telescopios espaciales”, insisten los investigadores.
A esto se suma el riesgo creciente de una colisión entre satélites en órbita —que, sin embargo, están programados para realizar maniobras de evasión precisas—, pero también con desechos espaciales, más pequeños, pero igualmente peligrosos. A la velocidad a la que se desplazan las naves espaciales, un simple choque puede tener graves consecuencias en cadena. Denominada síndrome de Kessler, tal situación provoca un “fenómeno en cascada catastrófico”, resume Lionel Birée. “Un residuo que destruye un satélite genera otros residuos y esta multiplicación de residuos puede chocar contra otros objetos, y así sucesivamente”. Esta amenaza crece proporcionalmente al número de satélites puestos en órbita.