Más de 15 millones de chilenos tienen cita este domingo para aprobar o rechazar el proyecto de nueva Carta Magna. El país llega a un punto de inflexión y de gran división, tras un estallido social, un plebiscito para cambiar la Constitución, una elección presidencial polarizada y una guerra de desinformación.
El domingo 4 de septiembre, los chilenos deben decidir si validan el borrador de Constitución redactado por la Asamblea Convencional y presentado el pasado mes de julio.
En 2021, ya habían votado en un 78% a favor de un cambio de Carta Magna. Esto sucedía dos años después de que estallaran las revueltas sociales que dieron un giro político del país y que llevaron al izquierdista Gabriel Boric a la presidencia.
En esta continuidad, el nuevo plebiscito se asemeja a una última parada. Sin embargo, las encuestas de las últimas semanas sugieren que el rechazo vencerá el domingo a la noche. El voto es obligatorio y los pronósticos pueden ser aún muy inciertos en un país donde la mitad del electorado no ha votado desde 2012, fecha en la que el sufragio dejó de ser obligatorio.
Este proyecto de Constitución, uno de los más extensos del mundo con 388 artículos, ha dividido la opinión en dos bandos, incluso dentro de los sectores de la centro-izquierda o aquellos que participaron en el estallido.
Varios factores le han dado ventaja al rechazo, en especial el hartazgo de la situación económica, el aumento de la inseguridad y las guerras internas que se han declarado entre los miembros convencionales.
Plurinacionalidad y Estado social
“Cualquier Constitución, ya sea errónea, es mejor que la Constitución que nos dejó Augusto Pinochet, dice a RFI Ricardo, un habitante de Santiago que se exilió durante la dictadura. Explica que los cambios que introduce el proyecto servirán para mejorar la vida de los más precarios y da su caso como ejemplo. A los 76 años, el ex ingeniero trabaja como conductor para complementar su pequeña pensión, de un poco más de 200 dólares al mes.
“Chile es un Estado social de derecho”, dice el texto propuesto. Busca transformar el Estado subsidiario que rige actualmente en un Estado de bienestar, con nuevos reconocimientos como el derecho a la salud, a la educación y al aborto, o la plurinacionalidad de Chile o modificaciones al sistema de justicia. Estos son algunos de los más polémicos.
La campaña además estuvoplagada de minas de desinformación, sobre su contenido, sobre los convencionales y sobre posibles fraudes en el plebiscito.
Incógnita del proceso constituyente
El oficialismo chileno ha sugerido que cual sea el resultado, no se sella el destino constitucional del país. En caso de ganar el apruebo, ha acordado brindar mejoras y precisiones al proyecto que los ex convencionales entregaron al gobierno el 4 de julio.
Si vence el rechazo, tampoco se prevé que se mantenga tal cual la Constitución vigente desde la dictadura puesto que gran parte considera que aun así el proceso constituyente debe continuar. Algo que Gabriel Boric reiteró en julio. ¿Qué formato se escogería, con un nuevo plebiscito o una nueva constituyente? Esa es la gran incógnita. Lo cierto es que se abrirá un nuevo capítulo: el de la negociación.