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Gustavo Petro, el candidato colombiano de amores y odios

Viernes, 17 de junio de 2022 a las 01:22

Por Redacción

El actual senador, exalcalde de Bogotá, y quien fue parte de la extinta guerrilla M-19, ha dejado huella en los cargos ocupados durante su extensa carrera política, aunque no necesariamente exenta de polémica

El político colombiano que ganó la primera vuelta presidencial, aunque con votos insuficientes para evitar el balotaje, puede ser amado u odiado en distintas regiones de Colombia, pero nunca ignorado. El actual senador, exalcalde de Bogotá, y quien fue parte de la extinta guerrilla M-19, ha dejado huella en los cargos ocupados durante su extensa carrera política, aunque no necesariamente exenta de polémica.

Exguerrillero del M-19

Nacido en 1960 en Ciénaga de Oro, pueblo de la costa Caribe (norte), pasó su adolescencia en Zipaquirá, municipio cercano a la capital colombiana.

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Allí inició su militancia en el M-19 (Movimiento 19 de abril), una guerrilla de origen urbano que surgió tras las elecciones presidenciales de 1970, cuando simpatizantes del entonces candidato Gustavo Rojas Pinilla adujeron fraude frente a Misael Pastrana Borrero, quien se posesionó como jefe de Estado ese mismo año.

La pertenencia de Petro al M-19 con intermitencia, por lo que él mismo calificó en su libro autobiográfico Una vida, muchas vidas como “reticencia a las operaciones militares”, ha sido su principal talón de Aquiles frente a sus contradictores políticos, quienes no dejan de recordar su pasado insurgente.

“Él entregó las armas, pero no desmovilizó su corazón”, afirmó en una entrevista uno de sus contendores en la carrera presidencial, Federico Fico Gutiérrez, representante de la derecha, quien quedó de tercero en las votaciones del domingo.

Ese paso por el M-19 de quien se hacía llamar en la clandestinidad como “Aureliano” (personaje de “Cien Años de Soledad”, obra cumbre del Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez) sigue siendo su punto débil en cada campaña.

“Ingeniero mejor que guerrillero”, escribió en Twitter el exministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, en referencia a quienes se enfrentarán en la segunda vuelta presidencial que tendrá lugar el próximo 19 de junio: Petro, y el exalcalde de la ciudad de Bucaramanga, Rodolfo Hernández.

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El recuerdo constante de ese pasado de hace más de tres décadas pesa en cada escrutinio, y atiza el miedo de volver a Colombia “como Cuba o Venezuela”, en un país donde cerca de dos millones de venezolanos residen tras haber huido de su tierra.

Esos temores hacen que el antipetrismo suela imponerse en las urnas, pese a que esta vez el oficialismo de Iván Duque alcance una desaprobación de más del 70%, según recientes encuestas.

De hecho, Duque ya se había enfrentado y vencido a Petro en las elecciones de 2018, bajo los mismos argumentos.

Conscientes de la propaganda contradictora, Petro y su fórmula vicepresidencial, Francia Márquez, fueron este año a firmar en una notaría que no expropiarían a nadie, en caso de llegar al poder.

Pese a este punto débil de Petro, nunca antes en la historia de Colombia un aspirante de izquierda había estado tan cerca de llegar al primer cargo del Estado. Ni había logrado más de ocho millones 500.000 votos, como alcanzó Petro en esta primera vuelta presidencial.

Congresista que pone “el dedo en la llaga”

Tras la firma de la paz del M-19, éste se convirtió en partido político: Alianza Democrática M-19. Y desde allí, Petro inició su exitosa carrera legislativa.

En los años 90, fue representante a la Cámara por este partido. Sin embargo, fueron sus debates de control político años después, durante la Presidencia de Álvaro Uribe Vélez (2002 - 2010), los que lo catapultaron. 

Especialmente, aquellos contra el paramilitarismo de extrema derecha, en momentos en que buena parte del legislativo, mayoritariamente del oficialismo, estaba cooptado por este grupo armado que, bajo el pretexto de combatir a guerrillas de izquierda, derivó en bandas narcotraficantes que desplazaban forzadamente y cometían masacres contra campesinos. 

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“¿Armar sectores de la sociedad colombiana arbitrariamente para controlar a los demás, para garantizar el orden público para los demás ciudadanos, garantiza tranquilidad ciudadana? ¿O ha garantizado seguridades mafiosas?”, recitaba el Petro de 2007 frente al Congreso.

Su trabajo inspiró a otros legisladores de izquierda, como el senador Iván Cepeda, para continuar ese camino.

“He aprendido mucho en estos años de su capacidad de control político, de su estudio de los problemas del país a través de su labor en el Congreso, de su valor para hacer esas denuncias”, relata Cepeda a RFI.

Cepeda fue declarado víctima en el caso que avanza en la justicia colombiana contra el expresidente Uribe por presunta manipulación de testigos.

Por otro lado, los múltiples discursos de Petro contra grupos armados y su relación con autoridades colombianas le significaron interceptaciones ilegales de sus comunicaciones, amenazas de muerte, y el exilio de su familia.

“Petro es el mejor ejemplo de la persecución, que ha sido implacable con él, su familia y sus colaboradores”, agrega Cepeda.

De ahí que el ganador de esta primera vuelta presidencial dijera en su discurso de recepción de resultados: “La corrupción no se combate con frases de Tiktok (en referencia a su contendor en segunda vuelta, Hernández, quien tiene un fuerte caudal electoral en la red social china). La corrupción se combate arriesgando la vida, porque es un régimen de corrupción lo que enfrentamos. Nosotros hemos arriesgado la vida para luchar contra la corrupción”.

En el Congreso, sus debates no fueron únicamente dirigidos hacia opositores, sino también hacia integrantes de su mismo partido, el entonces Polo Democrático Alternativo (PDA), del que luego se separó.

“En el Polo hubo una serie de informaciones sobre malos manejos de Samuel Moreno (exalcalde de la capital colombiana, preso por corrupción) cuando fue alcalde de Bogotá”, dice a RFI el excongresista y exintegrante del M-19, Antonio Navarro Wolff.

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Quien llevó estas denuncias al interior del partido fue Petro, prosigue: “Valientemente las hizo, y ahí empezó a destacarse como un congresista capaz de poner el dedo en la llaga”.

Navarro Wolff, expresidente de la Asamblea Constituyente que dio origen a la actual Carta Magna colombiana, exalcalde de la ciudad de Pasto (sur) y exgobernador de Nariño (departamento al que pertenece Pasto), trabajó codo a codo con Petro. No solo como miembro de su mismo partido y legislador en el Congreso, sino también unos meses durante su accidentada Alcaldía de Bogotá, a la que llegó en 2012.

Alcalde destituido

Petro comenzó su mandato en la alcaldía con las banderas sociales de la educación y la lucha contra la desigualdad y la pobreza, ideas que ha defendido también en sus aspiraciones presidenciales.

Sin embargo, su mandato al frente de la capital colombiana se vio interrumpido por su destitución, por parte del entonces procurador Alejandro Ordóñez Maldonado, quien ejerce actualmente como embajador del gobierno de Iván Duque ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

En diciembre de 2013, Ordóñez ordenó no solo su separación del cargo, sino también su inhabilitación para ejercer cargos públicos por 15 años. ¿El argumento? Fallas en el sistema de recolección de basuras de la capital, que el entonces alcalde pretendía reformar y desprivatizar. La intención de Petro fue calificada por Ordónez como improvisada y por fuera de la ley.

Pero Petro no se quedó de brazos cruzados y convocó a masivas movilizaciones en la céntrica Plaza de Bolívar de Bogotá, donde también queda la Alcaldía, para defender su mandato.

A la convocatoria de miles de personas para llenar este lugar emblemático, además de los recursos judiciales internos, le sumó la demanda contra el Estado colombiano por este hecho, ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Aunque el organismo le dio la razón, a raíz de ese paso por Bogotá, Petro ha recibido calificativos de “improvisador” y “mal administrador”.

Las dudas sobre su gestión no sólo fueron por el desgaste que representó aquella lucha, sino también por el cambio constante de los miembros de su equipo.

“Tiene dificultades para armar buenos equipos de gobierno. Hubo muchos cambios en esa Alcaldía, durante el tiempo en que fue alcalde”, confiesa Navarro Wolff, quien ocupó por unos meses el cargo de secretario de Gobierno de Bogotá, en el período de Petro.

Sin embargo, “es un hombre capaz, estudioso e inteligente”, aclara su antiguo coequipero.

Por otro lado, Daniel García-Peña, exdirector de Relaciones Internacionales de su Alcaldía, no fue tan condescendiente cuando renunció en esa gestión: “un déspota de izquierda, por ser de izquierda, no deja de ser déspota”, dijo en una carta en la que justificó su decisión y en la que criticó, además, su impuntualidad.

Pero su amigo cercano, el periodista Holman Morris y quien también trabajó con él, lo defendió, en conversación con RFI: “Lo defino como un hombre brillante, coherente y un gran lector, aunque tímido. Esa timidez algunas veces la confunden con arrogancia, pero no. Es un hombre que le exige a uno un nivel de lectura, de comprensión”.

“Conciliador”

Tras la alcaldía, Petro se lanzó por segunda vez a la Presidencia y se enfrentó a Iván Duque, con las banderas de la izquierda y la implementación de una paz recién firmada entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Sin embargo perdió al no poder convencer al centro político, liderado por Sergio Fajardo, de unirse a su proyecto, y al oponerse directamente a la casta política tradicional colombiana.

Como consecuencia de ello, “aprendió que necesitaba agrupar a más gente si quería tener la masa suficiente de votantes para ganar la elección a la Presidencia. Eso significa ser más conciliador”, resalta Navarro Wolff.

En esta ocasión, el equipo de Petro ha aceptado a políticos pro establecimiento tras la lección pasada, como a los antiguos uribistas Roy Barreras o Armando Benedetti.

Mientras, el exfuncionario del gobierno de Juan Manuel Santos, Alfonso Prada (exdirector del Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA), ejerce como jefe de debate del aspirante izquierdista.

Beneficioso o perjudicial, el Petro de esta ocasión cuenta con apoyos que no lo vuelven tan “outsider” de la política tradicional colombiana. Sin contar otros, como el de la exsenadora Piedad Córdoba, cuya impopularidad por su antigua cercanía con el gobierno venezolano le resta a la campaña, en vez de sumar.

De hecho, hace unos días, la propia Córdoba fue detenida en Honduras por llevar 68.000 dólares en efectivo sin declarar, y sin dar explicaciones convincentes. Su hermano, Álvaro Córdoba, es pedido en extradición en Estados Unidos, por narcotráfico.

Aunque Petro le pidió que se apartara de la campaña hasta que arreglara sus líos judiciales, sus opositores no perdonan que haya incluido a Córdoba en la lista cerrada al Congreso del Pacto Histórico, el movimiento político al que pertenecen

Retiro de la política

Pero “la tercera es la vencida”, dice un dicho popular. Y si Petro no llega a la jefatura de Estado en esta ocasión, plantea dejar de intentarlo, en un país tradicionalmente conservador, y en el que las guerrillas de izquierda han generado rechazo entre la población por sus miles de víctimas.

“Ya se cerraría mi ciclo político, porque no me puedo volver un eterno candidato. Significaría que un proyecto ha fracasado. Que la salida pactada sobre reformas fundamentales para convivir en paz ha fracasado”, afirmó en una entrevista el año pasado con el diario El País de España.

No obstante, y según la legislación colombiana, el segundo en votación en los comicios presidenciales obtiene un escaño en el Senado. Lo que significa que, al menos eso, lo tiene asegurado.

Lo que sí es seguro es que, ya sea en ese o cualquier otro cargo público, Gustavo Petro no pasará inadvertido.

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