Después de Bratislava, la rica capital eslovaca, el papa visitó una de las regiones más pobres del este del país, en Kosice, la segunda ciudad más grande de Eslovaquia. Francisco visitó los barrios donde se concentra una gran población del pueblo rom, abandonado a su suerte.
El punto culminante del viaje a Eslovaquia fue la visita del papa Francisco al distrito Lunik IX de Kosice. Allí viven 4.500 gitanos, la mayor comunidad del país, en edificios insalubres, sin gas ni agua corriente.
"A menudo ustedes han sido objeto de prejuicios y de estereotipos discriminatorios, lamentó el Papa Francisco.
Lo que se necesita, dijo, es pasar de los prejuicios al diálogo, de la exclusión a la integración. Nadie en la Iglesia debe sentirse excluido, dijo el pontífice ante miles de miembros del pueblo rom, algunos de los cuales escuchaban desde las ventanas. Sí, la Iglesia es un hogar, es tu hogar”, agregó Francisco.
Esperamos que su visita traiga nueva esperanza y pasión al pueblo, dijo una pareja al papa. El pontífice agradeció a todos los que trabajan en la comunidad, entre ellos cuatro sacerdotes salesianos, asistidos por monjas, que ayudan a los habitantes, sobre todo en temas de educación, pero también en la búsqueda de trabajo y en la integración.
El paso por Kosice fue el cierre de su visita oficial de cuatro días a Eslovaquia, un país de 5,4 millones de habitantes situado en el corazón de Europa.
Durante su viaje, el papa de 84 años pronunció doce discursos y visitó cinco ciudades diferentes, con una escala en Budapest (Hungría), con motivo de un congreso religioso, sin ocultar su agradecimiento por interactuar con sacerdotes y jóvenes.
Acompañado por un médico y dos enfermeras durante la visita, apareció sonriente y en buena forma.
El santuario de Sastin, conocido como la basílica de los Siete Dolores de la Virgen María, cuya historia se remonta al siglo XIV, es un lugar de peregrinación muy famoso en Eslovaquia.
Frente a los fieles de Eslovaquia, un antiguo país comunista que se autodefine 60% católico pero poco practicante, el sumo pontífice defendió una fe que no sea abstracta, que aporte solidaridad a aquellos que lo necesitan.
Les pidió que fuera acogedores frente a los egoísmos personales y colectivos.
Juan Pablo II viajó a Eslovaquia tres veces. Su última visita, en diciembre de 2003 durante cuatro días, fue particularmente difícil para el papa polaco, muy mermado por su enfermedad de Parkinson.
Cerró su viaje número 102 cuando tenía 83 años de edad, con una misa solemne en Bratislava a la que asistieron 200.000 personas.
Muchos cristianos pasaron la noche en la capital eslovaca, durmiendo en tiendas de campaña o fuera en sacos de dormir, esperando al pontífice, a quien muchos temen ver por última vez.
Entre los participantes a la misa final del papa Francisco en el santuario de Sastin, se pudo ver al ex secretario privado y amigo cercano de Juan Pablo II, el cardenal polaco Stanislaw Dziwisz.
Este último está siendo investigado por una denuncia ante la justicia supuestamente por esconder casos de abusos sexuales a menores en la iglesia.
Se acercaron menos personas de lo esperado durante las distintas visitas del papa Francisco en un país donde el temor al contagio del covid es real, sobre todo porque solo la mitad de la población adulta ha sido vacunada.