El presidente ecuatoriano, Guillermo Lasso, defendió el martes su inocencia ante un Congreso dominado por la oposición. En el primer día de un juicio político que podría desembocar en su destitución, el jefe de Estado negó ser culpable de malversación de fondos públicos. Eligió la ironía y la acusación para atacar durante una hora a sus adversarios.
Con Eric Samson, corresponsal de RFI en Ecuador
En el primer día de su juicio político, el presidente ecuatoriano Guillermo Lasso agradeció la imaginación “vívida” y "pintoresca de sus opositores, cuyas acusaciones absurdas, dijo, le facilitaron la defensa. “Han hecho gala de una inventiva sin parangón en la historia de la República, han estirado los límites de la imaginación humana, han creado una situación ficticia que no resuelve los problemas del pueblo ni de nadie, sostuvo. En el poder desde mayo de 2021, el gobernante es acusado de un supuesto peculado (malversación) en el manejo de la naviera estatal Flota Petrolera Ecuatoriana (Flopec). Según el correísmo (por el ex presidente Rafael Correa), con 49 escaños, el mandatario decidió continuar con un contrato que fue firmado antes de que asumiera, pese a que había informes de que era lesivo para el Estado. El contrato para el transporte de crudo con el grupo internacional Amazonas Tanker dejó pérdidas por más de 6 millones de dólares. El mandatario, que no ha sido procesado por el presunto peculado en la justicia, aseguró que en 2022 pidió a la Fiscalía que investigue el caso. Hasta ahora ha quedado claro que no hubo firma de contrato en mi gobierno, que tampoco hubo informe de Contraloría recomendando terminar dicho contrato”, sostuvo el presidente. Guillermo Lasso también encontró acentos a lo Emile Zola contra los diputados de la oposición. Yo los acuso porque jamás a lo largo de este juicio intentaron acercarse a la verdad, si no meramente al poder, denunció. Lamento mucho que del frágil castillo de naipes que construyeron durante cinco meses, no les quedó más que conformarse con la carta más débil, aseveró el presidente de 67 años, antes de dejar la Asamblea aupado por sus simpatizantes Antes de que el congreso se reúna dentro de tres días para una votación final sin debate, los 137 diputados disponen ahora de 10 minutos cada uno para intervenir. El Gobierno sigue de cerca estas declaraciones y espera convencer a un número suficiente de ellos para evitar la censura. Si no, el presidente tiene una carta en la mano: decretar lo que aquí se conoce como muerte cruzada" y convocar nuevas elecciones generales.