Myrian Martha Hurtado Pinto, a la edad de 85 años, destaca por su vitalidad y alegría que comparte entre sus alumnos y maestros de la Escuela de Educación Especial Davonid. Nació en Santa Cruz de la Sierra, en el hogar de Germán Hurtado Moreno y Julia Pinto Zambrana. Es viuda de Elías Cruz Marcó, y mamá de Harry Elías, Eliana, Francia Fabiola y Xiomara.
Hablamos de una pionera en varios frentes, aún muy joven recibió el título de Secretaria Comercial y Bilingüe, en la Escuela Nacional Superior de Comercio, en 1960. Estudió Licenciatura en Ciencias de la Educación en la Universidad Americana, en 1998, Liderazgo para Ongs, en la Nur, y Educación Especial en la Universidad Evangélica, en 2003. Haciendo historia también en sus gestiones como expresidente y asesora de Conif, directora de la Mesa Redonda y Agrupación Mujeres por Mujeres y desde 1981, presidente de Davonid.
Una pionera en los negocios Habla sobre sus luchas y logros impresionantes como dama voluntaria al frente del Centro de Educación Especial Santa Cruz, desde el 15 de mayo de 1975. Toda una misión de vida que le ha inspirado su hija Eliana.
La Sra. Martha Hurtado tiene un mundo de historias que contar, menciona que, “yo vendía de todo, traía mercadería de Brasil, Estados Unidos y Argentina, puedo recordar los viajes tan largos que realizaba para traer ropas para damas, varones y niños, ofrecía los productos en mi tienda The Best, que alquilaba en la esquina de la Manzana Uno, justo donde ahora hay un aljibe”.
¿Cómo nace Davonid?
El inicio fue la creación de una escuela de educación especial. Nos conocimos cinco matrimonios en el consultorio del Dr. Ronald Ortiz Gandarilla, en aquél entonces, el único neurólogo-pediatra en Santa Cruz. De ahí nació la idea de qué hacer por la atención y educación de nuestros hijos con problemas especiales.
En Santa Cruz no había especialistas, ni centros especializados. Estamos hablando de 50 años atrás, en 1975. En ese entonces conocimos a James Davison, un norteamericano vecino de Chúa Vaca Diez, que podría ayudarnos.
Primero conoció a los niños que presentaban problemas de discapacidad intelectual. Luego todo fue posible a través de su organización Alfa y Omega, en Estados Unidos.
Nos reunimos con nuestros esposos, Chúa Vaca Diez de Suárez, Turquí Melgar de Añez, Rosa Coronado de Justiniano y yo, para dar inicio a la primera escuela de educación especial.
Así iniciamos la escuela contando con la venida de dos misioneros, Nancy y Daniel Pryor, un profesor de educación física y su esposa arquitecta, nada que ver con psicología, neurología, pero fue el primer paso. Ni sabíamos qué era lo que le iban a enseñar, pero ya era la base de una escuela para nuestros hijos con discapacidad. Estuvieron casi tres años con nosotros, y luego nos enviaron tres profesionales en educación, ya con ellas se avanzó con la escuela hasta conseguir los primeros dos ítems por medio de la señora Yolanda Prada de Banzer.
Entre luchas y sueños por la educación especial
La Sra. Martha hace memoria y nos cuenta sobre los tiempos difíciles durante los años 1980/81.
“Como siempre acá en Santa Cruz no faltan sus problemas políticos o sus actividades de esas cosas, las maestras extranjeras tuvieron que irse. Entonces yo dije, no puede ser que esto muera así, necesitaba tener un apoyo, y la única manera de lograr que me ayuden es por medio de una agrupación de personas afines, recurrí a mi comadre, Tita Carrasco, y así organizamos una lista de buenas amigas, me fui casa por casa, las invité y me aceptaron”.
Fue el primer paso de la agrupación de Damas Voluntarias al Niño con Discapacidad, Davonid: “Recibimos el apoyo de Gaby Dabdoub y su esposa.
Arlinda Álvarez, junto a las primeras socias Tita Carrasco de Daza, Rosa Coronado de Justiniano, Betty Aburdene de Tuma, Turquí Melgar de Añez, Margoth Vaca El Hage de Ribera, Dorys Cabrera de Cronembold, yo y mi esposo Elías Cruz Marcó”.
En ese entonces, anota que “ya habíamos conseguido este terreno donde funciona nuestra escuela, a través de una donación de los primeros dueños del Hotel Los Tajibos, y que luego se procedió a su inscripción en Derechos Reales”.
Davonid y su misión
Hoy, dice, “contamos con 22 socias activas, y entre las fundadoras nos quedamos tres, Arlinda Álvarez de Dabdoub, Tita Carrasco de Daza y yo. Todas en el voluntariado llevamos adelante la misma misión, que es apoyar la educación inclusiva”.
Además, señala que han sido las pioneras en esta enseñanza, ya Santa Cruz cuenta con 81 centros de educación especial, lo que demuestra que todo su trabajo y dedicación no ha sido en vano.
Hoy la escuela de Davonid brinda su atención a 180 niños y jóvenes, tienen una infraestructura con 22 aulas, jardines y una hermosa capilla, un coliseo, una cancha polifuncional para juegos y salón para eventos junto a las familias.
“Nuestros alumnos reciben enseñanza gratuita en educación especial y talleres de capacitación en computación, belleza, bisutería, panadería y repostería. Siendo que varias promociones de alumnas han logrado empleos formales en reconocidos salones de nuestra ciudad”, destacó.
Un mensaje de fe y entrega entre damas voluntarias
Todas tenemos la voluntad de ser y hacer algo en la vida. Si no hay voluntad, pues no se hace nada. Mi mensaje a las más jóvenes sería de que tengan voluntad de servir al prójimo, es algo que no debe faltar nunca.